Breu prefaci: una casa de cites vulgarment és un lloc on se citen un burgés i una bagassa. Del resultat no seré jo el que us expliqui res. Simplement cal llegir una mica les muntanyes de paper que ha generat aquest estrany duet. Com que el català és una llengua excel·lent, amb tendència a la poliglòssia, és dir emprar de tota la resta de llengües, la que més convé en aquest moment i com el que escriu ho fa des del cantó de la Història en majúscules. Tinc una llengua veïna a banda de la portuguesa, l'anglesa de Gibraltar, la francesa de la Catalunya del Nord i d'altris (galega, bable, euskaldun...) . Una dic, la que honora la meva butxaca amb doblers d'euro i l'eterna imatge de Dom Quixot. Em refereixo sens dubte a la CASTELLANO-ESPANYOLA, sempre gran i incòmode com qualsevulla llengua encara més gran, no per nombre de parlants, sinó per influència; és clar, l'anglès i el xinès. El millor exemple que tinc a mà per reconciliar-me del romanticisme espanyol, castís, torero, burocràtic. Çó és, poc amant del sector secundari: la Indústria, és Roberto Bolaño. Massa llarga ja la introducció. Si voleu llegir en temps de robots replicants (Blade Runner)...
El barquero sacó la pértiga y, corrigiendo el rumbo de vez en cuando, comenzaron a moverse río abajo. En silencio descendieron el sereno y sagrado río que había bajado a la tierra para que sus aguas fluyeran sobre las cenizas de aquellos que habían muerto mucho tiempo atrás, y que continuaría fluyendo mucho después de que la raza humana, con la ayuda de su odio y su saber, llegara a extinguirse.
Vikram Seth. Un buen partido (A Suitable Boy, trad. D. Alou). Ed. Anagrama, 2ª ed. Barcelona, 1995. ISBN: 9788433906762. 1350 p. P. 1063.
Hubo un silencio. Todos se mostraban amistosos, pero nadie sabía de qué hablar. Por una u otra razón, todos los temas parecían tabúes. No se habló de leyes ni abogados, ni de médicos ni hospitales, ni de jardines ni de música, ni de planes para el futuro ni de recuerdos del pasado, ni de política ni de religión, ni de abejas ni de lotos.
Vikram Seth. Un buen partido (A Suitable Boy, trad. D. Alou). Ed. Anagrama, 2ª ed. Barcelona, 1995. ISBN: 9788433906762. 1350 p. P. 1332.
- ¿Y qué le gustaría hacer de ahora en adelante?
- No lo sé. Nada. ¿Por qué hay que estar siempre haciendo algo?
Agota Kristof. Claus y Lucas. Ed. Libros del Asteroide, 1ª ed. Barcelona, 2020. ISBN: 9788417007744. 468 p. P. 393.
...mientras afuera sólo aguardaba el fracasado atardecer de Nueva York.
Truman Capote. Plegarias atendidads (Answered Prayers, trad. A. L. Hernández). Ed. Anagrama, Barcelona, 1987. ISBN: 8433931156. 174 p. P. 172.
El éxito de los seres humanos a lo largo de los milenios, que ha permitido a nuestra especie dominar por completo su habitat natural tiene que ver con su aptitud para cumplir las normas que fomentan la cooperación social.
Francis Fukuyama. El liberalismo y sus descontentos. Rev. La maleta de Portbou 44, gen./feb./2021, p. 29.
Sobre el papel cívico y político de las ciencias sociales
Los investigadores en ciencias sociales tienen mucha suerte. La sociedad les paga para que lean libros, exploren nuevas fuentes, sinteticen lo que puedan aprender de los archivos y las encuestas disponibles y traten de devolver lo que han aprendido a quienes les retribuyen (es decir, al resto de la sociedad). A veces tienden a perder demasiado tiempo en disputas disciplinarias y asignaciones de identidad estériles. Sin embargo, a pesar de ello, las ciencias sociales existen y desempeñan un papel indispensable al servicio del debate público y la confrontación democrática. En este libro he tratado de mostrar que es posible movilizar métodos y materiales de las diferentes ciencias sociales para analizar la historia de los regímenes desigualitarios, en sus dimensiones social, económica, política e intelectual.
Estoy convencido de que una parte del malestar democrático con temporáneo proviene del excesivo empoderamiento del conocimiento económico con respecto a otras ciencias sociales y a la esfera cívica y política. Este empoderamiento es, en parte, consecuencia de su tecnicidad y de la creciente complejidad del ámbito económico. Pero también es el resultado de una tentación recurrente por parte de los profesionales de este campo, ya trabajen en la universidad o en el mundo empresarial, de apropiarse de un monopolio de conocimientos y de una capacidad analítica que no tienen. De hecho, sólo cruzando los enfoques económico, histórico, sociológico, cultural y político podremos avanzar en la comprensión de los fenómenos socioeconómicos. Esto es aplicable, en particular, al estudio de las desigualdades entre clases sociales y su evolución a lo largo de la historia, aunque la lección sea más general. Este libro se nutre del trabajo de muchos investiga dores de ciencias sociales en todas las disciplinas, sin las cuales este trabajo no podría haber existido. También he tratado de mostrar que la literatura y el cine pueden aportar una mirada complementaria y fundamental a la de las ciencias sociales.
El excesivo empoderamiento del conocimiento económico tam bién es consecuencia de que historiadores, sociólogos, politólogos y otros filósofos hayan abandonado con demasiada frecuencia el estudio de las cuestiones económicas en beneficio de los economistas. La economía política e histórica, tal como he tratado de ponerla en prác tica en este trabajo, concierne a todas las ciencias sociales. Todos los científicos sociales deberían, en mi opinión, integrar los aspectos so cioeconómicos, en sus análisis, así como recopilar datos cuantitativos e históricos siempre que sea útil y confiar en otros tipos de métodos y materiales siempre que sea necesario. El abandono de las fuentes cuantitativas y estadísticas por una gran parte de los investigado res en ciencias sociales es tanto más lamentable cuanto que sólo una mirada crítica a esas fuentes y a las condiciones de su construcción social, histórica y política puede permitir que se usen de manera ra zonada. De hecho, esa actitud ha contribuido al empoderamiento del conocimiento económico, así como a su empobrecimiento. Espero que este libro pueda contribuir a remediarlo.
Más allá del ámbito de los investigadores, el empoderamiento del conocimiento económico también tiene efectos nocivos en la esfera cívica y política, porque alimenta el fatalismo y la sensación de im potencia. En particular, los periodistas y los ciudadanos se someten con demasiada frecuencia a la pericia del economista, aunque muy limitada, y rehúyen formarse una opinión sobre los salarios y los bene ficios, los impuestos y la deuda, el comercio y el capital. Sin embargo, no son temas optativos para el ejercicio de la soberanía democrática. Estas cuestiones son complejas hasta tal punto que no se justifica su abandono a una pequeña casta de expertos, sino todo lo contrario. Su complejidad es tal que sólo una vasta deliberación colectiva, basada en el razonamiento, el recorrido y las experiencias de todos, puede permitirnos esperar algún progreso en su resolución. Este libro tiene un único propósito: contribuir a la reapropiación del conocimiento económico e histórico por parte de la ciudadanía. Que el lector sienta que no está de acuerdo con algunas de mis conclusiones no es real mente importante, porque para mí se trata de reabrir el debate, nunca de zanjarlo. Si este libro ha sido capaz de despertar su interés por nuevos temas y le ha permitido apropiarse de conocimientos que no poseía, entonces mi objetivo se habrá cumplido plenamente.
Estudiar el pasado es la mejor manera de prepararse para el futuro.
Piketty, Thomas. Capital e ideología (Capital et idéologie, trad. D. Fuentes). Ed. Deusto, 1ª ed. Barcelona 2019. ISBN: 9788423430956. 1248 pàgs. P. 1232-1233. P. 367.
La falsedad vuela, y la verdad viene cojeano tras ella.
Jonathan Swift (La maleta de Portbou 45, març-abril 2021. p. 24.
La memoria es un monstruo; tú olvidas... ella no. Se limita a archivar las cosas. Las guarda para ti o te las oculta... y evoca un recuerdo con voluntad propia. Tú crees tener memoria, pero ella te tiene a ti.
John Irving. Oración por Owen (A prayer for Owen Meany. Trad. I. Menéndez). Ed. Tusquets, 2ª ed. Barcelona, 2010. ISBN: 9788483106808. 518 p. P. 40.
… una parte de saberlo todo es recordarlo todo.
John Irving. Oración por Owen (A prayer for Owen Meany. Trad. I. Menéndez). Ed. Tusquets, 2ª ed. Barcelona, 2010. ISBN: 9788483106808. 518 p. P. 87.
XVI Tallados / en la costra del campo, en la jornada / que nos sucede, / donde viste cómo la tierra / volvió apenas a ser: doblados en el eco, / los surcos se han cerrado, te rescatan / para esta nueva vida / del ávido murmullo / de las guadañas. Cuéntame, pues, junto / a tus palabras. / Incluso en este día, / nada ha de cambiar. Hombro / con hombro con el polvo, / antes del filo y por encima / de la alta hierba seca / que me rodea, soy la tartamuda reliquia del aire.
Paul Auster. Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979 (Ground Work. Selected Poems and Essays 1970-1979. Trad. J. Doce). Ed. Anagrama, 2ª ed., Barcelona 2004. ISBN: 8433966170. 236 p. P. 28.
XVIII Las ratas se despiertan / mientras duermes, e imitan / el avance de la necesidad. Mi voz / vuelve a su hambre / tras engendrarla, copula con piedras / que surgen de muros rojos: el corazón roe / sin conocer su saqueo; lengua desollada, / escofina, Yacemos / en la médula más profunda / de la tierra, y escuchamos / el aliento de los ángeles. / Crece la aridez en nuestros huesos. / Dondequiera que la noche / haya hablado, hijos nonatos / rondan el vacío interestelar.
Paul Auster. Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979 (Ground Work. Selected Poems and Essays 1970-1979. Trad. J. Doce). Ed. Anagrama, 2ª ed., Barcelona 2004. ISBN: 8433966170. 236 p. P. 30.
Los muertos mueren / y mueren: y en ellos / los vivos. Espacio y ojos: acosados / por frágiles herramientas, confinados / a sus hábitos. / Respirar es aceptar / esta falta de aire, el único aliento, rastreado en las fisuras / de la memoria, en el lapso que divide / este idioma hecho de odios, / sin el cual la tierra / hubiera otorgado un augurio / aún más poderoso / para nivelar los huertos / de piedra. Ni siquiera / el silencio me persigue.
Paul Auster. Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979 (Ground Work. Selected Poems and Essays 1970-1979. Trad. J. Doce). Ed. Anagrama, 2ª ed., Barcelona 2004. ISBN: 8433966170. 236 p. P. 31.
BABEL EN NUEVA YORK
En el prólogo de su novela Le Bleu du ciel, Georges Bataille establece una importante distinción entre libros escritos como forma de experimentación y libros nacidos de la necesidad. Según Bataille, la literatura es una fuerza esencialmente devastadora, una presencia vivida con «temor y estremecimiento», capaz de revelarnos la verdad de la vida y sus desmedidas posibilidades. La literatura no es un continuo, sino una serie de dislocaciones, y los libros que significan más para nosotros suelen ser aquellos que contrarían la idea de la literatura vigente en la época en que fueron escritos. Bataille cree que el motor de toda gran obra es siempre «un momento de rage»: una obra literaria no puede crearse mediante un acto de voluntad y su fuente es siempre extraliteraria. «¿Cómo podemos recrearnos
-dice- en libros cuyo autor no se sentía forzado a escribir?» El anhelo por romper las barreras de la convención literaria suele traducirse en experimentos poco naturales. Sin embargo, la mayoría de las obras vanguardistas no sobreviven; a pesar de sí mismas, permanecen prisioneras de las mismas convenciones que intentan destruir. La poesía futurista, por ejemplo, que en su día causó gran conmoción, ahora sólo es leída por académicos e historiadores de la época. Por otro lado, algunos escritores que participaron poco o nada en la vida literaria de su tiempo -Kafka, por ejemplo-, luego lograron gran reconocimiento.
Paul Auster. Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979 (Ground Work. Selected Poems and Essays 1970-1979. Trad. J. Doce). Ed. Anagrama, 2ª ed., Barcelona 2004. ISBN: 8433966170. 236 p. P. 125.
[Sobre Louis Wolfson]
En un discurso ofrecido en la ciudad de Bremen en 1958, tras recibir un importante premio literario, Celan dijo que lenguaje era lo único que había permanecido intacto para después de la guerra, pese a tener que pasar por «miles de sombras de un lenguaje generador de muerte». «He intentado escribir poesía en esta lengua», dijo Celan refiriéndose al alemán, el idioma de los nazis y el de sus poemas, «para adquirir mi propia perspectiva de la realidad.» Luego comparó el poema.com un mensaje en una botella, arrojado al mar con la esperanza que, algún día, las olas lo empujen a tierra, «quizás a la costa del corazón», «Los poemas», continuó, «incluso en este sentido; están navegando: se dirigen hacia algo. ¿Hacia qué? Hacia un lugar abierto que puede ser habitado, hacia un sujeto a quien es posible dirigirse, y tal vez hacia una realidad a la que es posible referirse.»
El poema, por lo tanto, no es una transcripción de un mundo conocido de antemano, sino un proceso de descubrimiento (…).
Paul Auster. Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979 (Ground Work. Selected Poems and Essays 1970-1979. Trad. J. Doce). Ed. Anagrama, 2ª ed., Barcelona 2004. ISBN: 8433966170. 236 p. P. 164.
[Sobre Paul Celan]
VERDAD, BELLEZA, SILENCIO [Laura Riding] (fragmento)
El primer párrafo de The Telling, plantea el meollo del problema que intenta resolver en el resto del libro:
Queda algo por decir de nosotros que todos esperamos. En nuestra inocente ignorancia nos apresuramos a oír historias de la antigua vida humana, de la nueva vida humana, imaginaria vida humana, ávidos de algo que nos permita superar la etapa de la curiosidad no satisfecha. Sabemos que somos explicables y que no hemos sido explicados. Muchas de las verdades triviales que nos conciernen han sido dichas, pero las más importantes no han sido pronunciadas; y nada puede ocupar su lugar. Todo lo que aprendemos fuera de nosotros mismos, aunque debamos saberlo porque forma parte de nuestro universo, nos dejará, sin embargo, un vacío en el vacío. Mientras no se relate la historia pendiente de nosotros mismos, nada de lo que se diga podrá bastarnos: seguiremos esperando con ansiedad y en silencio.
Lo primero que nos sorprende en el texto es la brillantez de la escritura. La serena perentoriedad, la intensa y cadenciosa redacción nos impulsan a seguir escuchando. Tenemos la impresión de que vamos a oír algo radicalmente distinto a lo que nos han dicho antes, algo de una importancia tan vital que debemos concederle toda nuestra atención.
Paul Auster. Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979 (Ground Work. Selected Poems and Essays 1970-1979. Trad. J. Doce). Ed. Anagrama, 2ª ed., Barcelona 2004. ISBN: 8433966170. 236 p. P. 150-151.
LOS FUNDAMENTOS DEL DADAÍSMO (Sobre Hugo Ball)
Como señala en uno de sus últimos escritos [Hugo Ball], en 1921: “El socialista, el esteta y el monje coinciden en que la educación burguesa debe ser aniquilada. El nuevo ideal tomará elementos de los tres.”
Paul Auster. Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979 (Ground Work. Selected Poems and Essays 1970-1979. Trad. J. Doce). Ed. Anagrama, 2ª ed., Barcelona 2004. ISBN: 8433966170. 236 p. P. 142.
LA MUERTE DE SIR WALTER RALEGH (Fragmento)
Quitadle todo a un hombre, y hombre seguirá existiendo. Si ha sido capaz de vivir, será capaz de morir. Y cuando no quede nada, sabrá cómo enfrentarse al muro.
Es la muerte. Y decimos «muerte» como si nos refiriéramos a aquello que no podemos saber. Sin embargo, sabemos, y sabemos que sabemos. Porque consideramos este conocimiento como irrefutable. Es una pregunta para la que no hay respuesta, y que nos conducirá a muchas preguntas que a su vez nos conducirán nuevamente a aquello que no podemos conocer Bien podemos preguntar, entonces, lo que preguntaremos. Porque la cuestión no es sólo la vida y la muerte. Es la vida y es la muerte.
En cada momento existe la posibilidad de lo que no existe Y de cada pensamiento nace un pensamiento opuesto. Desde la muerte, él verá una imagen de la vida. Y en cada lugar habrá el aliciente de otro lugar. América. Y en el límite del pensamiento donde el nuevo mundo anula al viejo, se inventa un lugar para ocupar el lugar de la muerte. Él ya ha pisado sus costas y su imagen lo obsesionará hasta el fin. Y este hombre morirá. Y no sólo morirá; será asesinado. Un hacha lo decapitará.
Es así como comienza. Y es así como termina. Todos sabemos que moriremos. Si vivimos con alguna certeza, ésta es la de que hemos de morir. Pero bien podemos preguntarnos cómo y cuándo, y bien podemos comenzar a preguntarnos si el azar no es el único dios. El cristiano dice que no, y el suicida dice que no. Cada uno de ellos afirma que puede elegir y, en efecto, cada uno de ellos elige, movido por la fe o por la falta de fe. Pero ¿qué hay del hombre que ni cree ni deja de creer? Se lanzará a la vida, la vivirá plenamente y llegará a su fin. Porque la muerte es el propio muro, y nadie puede atravesar el muro. No preguntaremos, entonces, si uno puede elegir o no. Uno puede y no puede elegir. Depende de quién y de por qué. Para empezar, entonces, debemos encontrar un sitio donde estemos solos y no obstante unidos; es decir, el sitio donde acabaremos Allí está el muro y allí está la verdad que afrontamos. La cuestión es: ¿en qué momento comienza uno a ver el muro?
Paul Auster. Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979 (Ground Work. Selected Poems and Essays 1970-1979. Trad. J. Doce). Ed. Anagrama, 2ª ed., Barcelona 2004. ISBN: 8433966170. 236 p. P. 172.
EL LIBRO DE LOS MUERTOS (Sobre Edmond Jabès) (Fragmento)
… se había convertido en el pueblo (el judío) de la Biblia. Para Jabès, esto significaba que la Biblia había cobrado toda la importancia y el peso de la tierra natal.
El mundo de los judíos se basa en una ley escrita, en una irrefutable lógica de las palabras.
Por lo tanto el país de los judíos está hecho a escala de su mundo, porque es un libro...
La patria de los judíos es un texto sagrado entre los comentarios a los que ha dado origen...
El tema fundamental de El libro de las preguntas es la historia de la separación de dos jóvenes amantes, Sarah y Yukel, durante la época de las deportaciones nazis. Yukel es un escritor -calificado como el «testigo», que cumple la función de alter ego de Jabès y cuyas palabras a menudo no se pueden distinguir de las suyas. Sarah es una joven mujer que ha sido enviada a un campo de concentración y que regresa loca. Sin embargo, Jabès no relata esta historia según las pautas de la narrativa tradicional. Más bien alude a ella de forma indirecta, y de vez en cuando nos permite entrometernos en las apasionadas y obsesivas cartas de amor que intercambian Sarah y Yukel, que no parecen proceder de ninguna parte, como voces desencarnadas, profiriendo lo que Jabès llama «el grito colectivo [...] el grito eterno»,
Sarah: Te escribí. Te escribo. Te escribí. Te escribo. Me re fugio en mis palabras, en las palabras que llora mi pluma. Mientras esté hablando, mientras esté escribiendo, mi dolor se atenúa. Me uno a cada sílaba hasta convertirme en un cuerpo de consonantes, un alma de vocales. ¿Es magia? Escribo su nombre, y él se transforma en el hombre que amo...
Mientras Yukel dice, hacia el final del libro:
Y yo leo en ti, en tu vestido y tu piel, en tu carne y tu sangre. Leo, Sarah, que eras mía a través de cada palabra de nuestro lenguaje, a través de todas las heridas de nuestra raza. Yo leo, como uno lee la Biblia, nuestra historia que sólo puede ser tuya y mía.
Paul Auster. Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979 (Ground Work. Selected Poems and Essays 1970-1979. Trad. J. Doce). Ed. Anagrama, 2ª ed., Barcelona 2004. ISBN: 8433966170. 236 p. P. 192-193.
EL LIBRO DE LOS MUERTOS (Sobre Edmond Jabès) (Fragmento)
Aunque las imágenes y las fuentes de Jabès derivan en su mayor parte del judaísmo, El libro de las preguntas no es una obra judía, así como uno puede calificar el paraíso perdido como una obra cristiana. Aunque Jabès es, según creo, el primer poeta moderno que asimila de forma consciente la idiosincrasia del pensamiento judío, su relación con las enseñanzas religiosas es emotiva y metafórica más que militante. El libro es su imagen central, pero no es sólo el Libro de los judíos (las espirales de comentarios alrededor de otros comentarios en el midrash), sino también una alusión al Libro ideal de Mallarmé (el Libro que contiene al mundo, que se repliega sin cesar sobre sí mismo). En definitiva, la obra de Jabès debe considerarse como parte de la actual tradición poética, que comenzó a finales del siglo XIX. Lo que Jabès ha hecho es fundir esta tradición con cierto tipo de discurso judío, y lo ha hecho con tal convicción que la unión entre ambas cosas es casi imperceptible. El libro de las preguntas surgió cuando Jabès descubrió su identidad judía. Con una idea similar a la de Marina Tsvetaieva de que «en el más cristiano de los mundos / todos los poetas son judíos», esta ecuación es esencial en la obra de Jabès, es la semilla de donde brota todo lo demás. Para Jabès, no puede escribirse nada del exterminio de los judíos a no ser que antes se cuestione el acto mismo de escribir. Si es necesario forzar al lenguaje hasta sus límites, el escritor también debe condenarse a sí mismo a un exilio de duda, a un desierto de incertidumbre. De hecho, estamos obligados a crear poéticas de ausencia. Los muertos no pueden volver a la vida, pero pueden ser oídos, y sus voces viven en el Libro.
(1976)
Paul Auster. Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979 (Ground Work. Selected Poems and Essays 1970-1979. Trad. J. Doce). Ed. Anagrama, 2ª ed., Barcelona 2004. ISBN: 8433966170. 236 p. P. 196.
EL LIBRO DE LOS MUERTOS (Sobre Edmond Jabès) (Fragmento)
(Entrevista con E. Jabès, 04/11/1978 en Rhode Island, en francés)
(E.J. Respuesta, Jabés habla de un deportado) «Toda mi familia fue deportada. Sólo nos salvamos mi hijo y yo.» Esta conversación me causó una profunda impresión, sobre todo porque este hombre luego comenzó a hablarme de su hijo. Durante el bloqueo a Jerusalén, cuando los sirios disparaban a los camiones de provisiones que se dirigían a la ciudad, su hijo, que entonces tenía quince o dieciséis años, pidió permiso a su padre para conducir uno de esos condenados vehículos. El padre dijo que sí y el hijo fue asesinado. Después de eso, el padre tomó el nombre de su hijo. Su nombre era Ben Zvi, y él me contó toda esa historia porque yo le hice una pregunta sobre él. Nunca lo olvidaré... Creo que esto demuestra que es bastante simple relatar los hechos para revelar todo un drama.
PA: Usted habló de palabras obsesivas. Hay una docena de palabras y temas que se repiten constantemente en cada página de su libro: desierto, ausencia, silencio, Dios, nada, vacío, libro, palabra, exilio, vida, muerte..., y tengo la impresión de que cada una de esas palabras está más allá del discurso, más allá de una especie de límite, algo casi imposible de explicar.
EJ: Exactamente. Pero al mismo tiempo, aunque estas cosas no puedan expresarse, tampoco podemos despojarlas de su significado, no podemos librarnos de ellas. Por ejemplo, para mí resulta imposible librarme de la palabra «judío» o de la palabra “Dios”. Al principio, esto creaba bastantes malentendidos. La gente me preguntaba: ¿Por qué nombra a Dios, si usted no cree en él? Como sabrá, en Francia hay gente que se autodenomina materialista y tiene miedo a pronunciar palabras como «Dios». A mí me parece una idiotez. La palabra «Dios» está en el diccionario, es una palabra como cualquier otra. No le temo a la palabra, porque no le temo a ese Dios... En mi obra, lo que yo llamo Dios es algo con lo que nos encontramos, un abismo, un vacío, algo ante lo cual estamos indefensos. Es una distancia..., la distancia que existe siempre entre las cosas... Aunque arribemos a nuestro destino, aún queda esa distancia por recorrer. Y llega el momento en que uno no puede recorrer esa distancia y uno se dice a sí mismo: «Se ha acabado, ya no quedan palabras.» Dios es quizás una palabra sin palabras, una palabra sin significado. Lo más curioso es que en la tradición judía, Dios es invisible, y como forma de acentuar esa invisibilidad, tiene un nombre impronunciable. Lo que me parece verdaderamente fantástico es que, cuando uno dice que algo es «invisible», está nombrando algo, lo que significa que casi ofrece una representación de lo invisible. En otras palabras, cuando uno dice «invisible», está señalando el límite entre lo visible y lo invisible; dispone de palabras para hacerlo. Sin embargo, cuando uno no puede pronunciar la palabra, se encuentra ante la nada. Y para mí esto es incluso más fuerte, porque, al final, hay algo visible en lo invisible, así como hay algo invisible en lo visible. Y esto lo anula todo.
PA: En cierto sentido, todas estas palabras se convierten en una sola, y acaban destruyéndose unas a otras.
EJ: Se destruyen en el cuestionamiento de sí mismas, en el proceso de moverse hacia el vacío. Una vez escribí: «Quizá la ver dad sea este vacío», refiriéndome a lo que se encuentra en el lí mite de la verdad. Hay una anulación constante, un continuo cambio de piel, una forma de desnudar la palabra hasta que su nombre se vuelva impronunciable... Esto no tiene nada que ver con el nihilismo, aunque algunas personas me han acusado de nihilista. Es la naturaleza misma de mi obra... Un cuestiona miento constante de las cosas para poder decir, al final: ¿qué es la identidad?, ¿qué somos?, ¿qué es el nombre? Este nombre con el que cargamos, ¿qué es?... No pretendo dar respuestas, sólo hago preguntas. Si doy un valor especial a la pregunta es porque encuentro algo insatisfactorio en la naturaleza de la respuesta, que nunca puede contenernos por completo. Además, y esto es muy importante, creo que las respuestas encarnan cierto tipo de poder, mientras que las preguntas represen tan un antipoder, una forma subversiva de antipoder..., que sería inquietante para el poder. El poder no es amigo de discusiones. El poder afirma y sólo tiene amigos o enemigos, mientras que la pregunta está en el medio...
Paul Auster. Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979 (Ground Work. Selected Poems and Essays 1970-1979. Trad. J. Doce). Ed. Anagrama, 2ª ed., Barcelona 2004. ISBN: 8433966170. 236 p. P. 209-210.
EL LIBRO DE LOS MUERTOS (Sobre Edmond Jabès) (Fragmento)
(Entrevista con E. Jabès, 04/11/1978 en Rhode Island, en francés)
PA: Antes hablábamos de Beckett y ahora recuerdo algo que escribió a finales de la década de los cuarenta: “Ser artista es fracasar donde ningún otro se atreve a fracasar...”
EJ: Es una afirmación muy hermosa. Muy hermosa... y absolutamente cierta.
PA: Tengo la impresión de que usted quiere decir más o menos lo mismo.
EJ: Por supuesto. Exactamente.
Paul Auster. Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979 (Ground Work. Selected Poems and Essays 1970-1979. Trad. J. Doce). Ed. Anagrama, 2ª ed., Barcelona 2004. ISBN: 8433966170. 236 p. P. 216.
Mira siempre adelante, nunca atrás, allí adelante està la muerte... Luego eres libre.
Imre Kertésk. Diario de la galera. (Gályanapló, trad. A. Kovacsics). Ed. Acantilado, 1ª ed. Barcelona 2004. ISBN: 8496136507. 280 p. P. 167.
Tengo deberes y tareas. Entre mis tareas está el tener deberes.
Imre Kertésk. Diario de la galera. (Gályanapló, trad. A. Kovacsics). Ed. Acantilado, 1ª ed. Barcelona 2004. ISBN: 8496136507. 280 p. P. 174.
Pero además yo no conozco ningún otro instrumento que potencie más la democracia que la educación.
Mateo Valero. “El transistor lo ha cambiado todo”. Entrevista La Maleta de Portbou 50, gener-febrer 2022, p. 16.
Pensar es descifrar lo que se siente.
María Zambrano
El futuro existe para redimir los agravios.
Antonio Scurati. M El hijo del siglo. (M. Il figlio del secolo. Trad. C. Gumpert) Ed. Alfaguara, Barcelona 1ª ed. 2021. ISBN: 9788420437941. 824 p. P. 16.
-¿Un sillón? ¿Qué hace un sillón en mi despacho? -maldice Mussolini, abre los ojos y clava las pupilas en ese mueble tradicional como si hubiera visto a un enemigo irreductible i ¿Un sillón para mí? ¡Lleváoslo, de lo contrario lo tiro por la ventana. El sillón y las zapatillas son la ruina del hombre! (Mussolini)
Antonio Scurati. M El hijo del siglo. (M. Il figlio del secolo. Trad. C. Gumpert) Ed. Alfaguara, Barcelona 1ª ed. 2021. ISBN: 9788420437941. 824 p. P. 275.
Benito Mussolini Milan, 31 de diciembre de 1920
La Navidad habría que abolirla. Todos esos días de vacaciones, todas esas horas que se pasan en la mesa, toda esa comida, los niños que no dejan de lloriquear, las mujeres que no dejan de parlotear, las barrigas colgantes... Un hombre, a ese ritmo, se enerva, se amojama como el bacalao. Un hombre envejece un año por cada diez días que pasa con su familia durante las festividades navideñas. Si le tocara a él decidir, no dudaría en suprimirlas.
Antonio Scurati. M El hijo del siglo. (M. Il figlio del secolo. Trad. C. Gumpert) Ed. Alfaguara, Barcelona 1ª ed. 2021. ISBN: 9788420437941. 824 p. P. 294.
¡Qué cosa más maravillosa es el pánico, esa par tera de la Historia!
Antonio Scurati. M El hijo del siglo. (M. Il figlio del secolo. Trad. C. Gumpert) Ed. Alfaguara, Barcelona 1ª ed. 2021. ISBN: 9788420437941. 824 p. P. 296.
A cualquier coste 16-26 de junio de 1924
Un rey no es un cerdo de engorde, como sostenía Napoleón. Un monarca constitucional debe saber lo que ocurre en su país. Si un primer ministro criminal hunde ese país en la vergüenza, reprobada por la mayoría de sus súbditos, el soberano, apoyándose en la lealtad del ejército, tiene el deber de poner fin a ese régimen delictivo presionando al jefe de Gobierno para que presente su dimisión.
Ese es el significado del mensaje que Giovanni Amendola, en nombre de todos los grupos constitucionales de la oposición, ha hecho llegar a Víctor Manuel III a través del conde di Campello, su gentilhombre de corte.
Antonio Scurati. M El hijo del siglo. (M. Il figlio del secolo. Trad. C. Gumpert) Ed. Alfaguara, Barcelona 1ª ed. 2021. ISBN: 9788420437941. 824 p. P. 761.
La verdad es que no tenía nada más que escribir, y no me da vergüenza confesarlo. Si hubiera más escritores que lo reconocieran, el mundo se ahorraría un montón de libros malos, y muchos hombres y mujeres podrían disfrutar de una existencia más feliz y productiva.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 45.
«Yo siempre te diré la verdad, excepto cuando te mienta.»
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 87.
En realidad somos un puñado de apestosos burgueses convencionales, pero por lo menos lo sabemos.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 91.
¿Cuál es la medida real de la amistad?
Voy a decírselo a ustedes. Es la cantidad de tiempo que uno desperdicia con las desgracias y calamidades del otro.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 108.
Denme un Sitio Cualquiera, pequeño, una risueña y taconeante Terre Haute, una cándida Bismark, con precios inmobiliarios estables, recogida de basura regular, buen alcantarillado y amplios aparcamientos, que esté situada no muy lejos de un gran aeropuerto, y todas las mañanas despertaré a los pájaros cantando.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 115.
En la universidad solíamos decir: Si no te gusta el tiempo que hace, espera diez minutos.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 127.
Soy mi peor enemigo.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 130.
La verdad en exceso puede ser peor que la muerte, y dura mucho más.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 151.
Me he vuelto más cínico que el mismísimo Yago, porque no hay peor cinismo que el narcisismo y la visión de un túnel que sólo te lleva ti mismo.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 185.
-Yo no creo que tenga una ética determinada, Walter. Simplemente, intento no hacer daño a nadie. Es lo único que sé hacer.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 198.
Intentar explicar las cosas es la fuente de nuestros problemas.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 239.
A veces, la vida no es ninguna maravilla pero no está mal del todo, y te alegras de estar vivo, aunque no sea exactamente un éxtasis.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 259.
No me gusta que las cosas se acaben, ni siquiera que cambien. La Muerte, esa vieja aerodinámica, no es mi amiga ni nunca lo será.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 265.
La vida será mucho mejor para Cade cuando pueda abrocharse un uniforme y sentarse cómodamente en su coche blanco y negro. Es un servidor de la ley por naturaleza, y es posible que tenga buen corazón. Y si en el mundo hay oficios mejores, también los hay peores. Mucho peores.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 300.
No recuerdo ni una sola palabra de lo que dijimos. No sé cómo hacíamos para interesarnos el uno en el otro con lo poco que podíamos ofrecer nos, los dos al borde de nuestras trastornadas vidas. Pero cualquier arrebato de frenesí es posible cuando estás muy solo y al límite de tus recursos. La libertad rebelde es para quienes puedan soportarla.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 317.
El mal acecha en todas partes, y la muerte es un remedio demasiado drástico para casi todo.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 318.
Todo el mundo tiene derecho a ser feliz, pero a veces no puedes hacer nada por ayudarte a ti mismo.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 328.
Puedes arriesgarte demasiado y acabar sin nada, salvo el arrepentimiento como única compañía, del que ya nunca te librarás durante toda tu vida.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 365.
Pero ocurre con todas las cosas buenas o malas: acabamos acostumbrándonos a ellas y se pasan con la edad.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 371.
Los escritores, todos los escritores, necesitan pertenecer a algún sitio. Sólo que los escritores de ver dad, desgraciadamente, son socios de un club de un solo miembro.
Richard Ford. El periodista deportivo (The Sportwriter, trad. I. Ayuso – J. Aguirre). Ed. Anagrama, Barcelona 1990. ISBN: 9433931946. 396 p. P. 374.
Este sentimiento de tarea inacabada, de flujo y reflujo, de patria por hacer, de un mismo pueblo dividido en dos bandos opuestos, imprime al relato de la revolución un nuevo sesgo a partir de la aparente consolidación del moderantismo: algo se ha torcido en la historia de España cuyos efectos duran hasta el presente.
Santos Juliá. Historias de las dos Españas. Ed. Taurus, 4ª ed. 2005, Madrid. ISBN: 8430605169. 564 p. P. 34.
Lucas Mallada destacará dos años después, como cualidades que adornan a los políticos españoles, la más crasa ignorancia, la osadía, el espíritu de discordia y rebeldía, su inmensa soberbia, su veleidad y ligereza, su aturdimiento, su ingratitud y doblez, su ambición ilimitada. En resumen, una nación desventurada, que tiene en su base un pueblo de alucinados hambrientos y a su frente políticos dedicados a provocar y devolver violentos ataques, sostener utopías y delirios, socavar honras ajenas, embrollar las cuestiones, aprovechar descuidos, proyectar conjuras, triturar al adversario…
Santos Juliá. Historias de las dos Españas. Ed. Taurus, 4ª ed. 2005, Madrid. ISBN: 8430605169. 564 p. P. 62.
Ahora, sin embargo, del imperio no quedaban ni los restos, y del indómito carácter de los españoles había salido un pueblo zángano, sentado a la vera de los caminos de la civilización, una turba miserable y hambrienta, analfabeta y rural.
Santos Juliá. Historias de las dos Españas. Ed. Taurus, 4ª ed. 2005, Madrid. ISBN: 8430605169. 564 p. P. 84.
Cuando una nacionalidad despierta, produce Estado.
Santos Juliá. Historias de las dos Españas. Ed. Taurus, 4ª ed. 2005, Madrid. ISBN: 8430605169. 564 p. P. 121.
España es el problema primero, plenario, perentorio.
Santos Juliá. Historias de las dos Españas. Ed. Taurus, 4ª ed. 2005, Madrid. ISBN: 8430605169. 564 p. P. 144.
«Aquí yace media España, murió de la otra media»
M. J. de Larra, citat a Santos Juliá. Historias de las dos Españas. Ed. Taurus, 4ª ed. 2005, Madrid. ISBN: 8430605169. 564 p. P. 148.
«¡Adiós, hermanos, camaradas, amigos! / Despedidme del sol vid los trigos».
A. Machado, citat a Santos Juliá. Historias de las dos Españas. Ed. Taurus, 4ª ed. 2005, Madrid. ISBN: 8430605169. 564 p. P. 274.
Apocalípticos. los jesuitas trazaban la única política posible: no olvidar el pasado para que quede excluida toda posibilidad de que se repita; señalar con precisión matemática donde había empezado la incubación de las doctrinas que cuajaron en acción y en movimiento contra la esencia misma de la patria.
Santos Juliá. Historias de las dos Españas. Ed. Taurus, 4ª ed. 2005, Madrid. ISBN: 8430605169. 564 p. P. 380.
Es difícil saber cómo acabar algo que no terminó de empezar.
Richard Ford. Pecados sin cuento (A multitude of Sins, trad. D. Alou). Ed. Anagrama, 2ª ed. Barcelona 2003. ISBN: 8433970046. 360 p. P. 225.
-Lo siento -dijo Tom por tercera o cuarta vez, y ella comprendió que lo sentía de verdad. Tom no era un hombre que ocultara sus sentimientos. No decía algo y luego se ponía a pensar que podía significar lo que acababa de decir, para concluir finalmente que no significaba nada. Era un hombre bueno y sincero, cualidades que habían hecho de él un detective especializado en atracos ejemplar, así como un magnífico interrogador de delincuentes.
Richard Ford. Pecados sin cuento (A multitude of Sins, trad. D. Alou). Ed. Anagrama, 2ª ed. Barcelona 2003. ISBN: 8433970046. 360 p. P. 237.
Más verosímil, desde luego, de lo que resultaba ahora, atrapada en aquel Este, Maine, con un marido caprichoso que iba cuesta abajo y que sufría una congestión espiritual que ni una sobredosis de vida con previsión o de matrimonio auténtico podía curar.
Richard Ford. Pecados sin cuento (A multitude of Sins, trad. D. Alou). Ed. Anagrama, 2ª ed. Barcelona 2003. ISBN: 8433970046. 360 p. P. 272-273.
¡Ay!, amigos míos, si conocierais bien la vanidad y la locura de los errores en que os mantienen bajo el pretexto de la religión, y si supierais cuán injustamente y cuán indignamente se abusa de la autoridad que se ha usurpado sobre vosotros bajo pretexto de gobernaros, ciertamente sólo tendríais desprecio por todo lo que se os hace adorar y respetar y sólo tendríais odio e indignación hacia todos aquellos que abusan de vosotros y que os gobiernan tan mal y que os tratan tan indignamente. A este respecto, me viene a la memoria un deseo que forjaba antaño un hombre que no tenía ciencia ni estudio pero que, según las apariencias, no carecía de sentido común para juzgar sanamente todos estos detestables abusos y todas las detestables tiranías que yo condeno aquí: por su deseo y por su manera de expresar su pensamiento, parece que veía bastante lejos y que penetraba bastante profundamente en este detestable misterio de iniquidad del que acabo de hablar, puesto que reconocía muy bien a sus autores y protagonistas. Deseaba que todos los grandes de la tierra y que todos los nobles fueran colgados y estrangula dos con tripas de sacerdote. Esta expresión no debe dejar de parecer ruda, grosera y chocante, pero se ha de reconocer que es franca e ingenua; es breve pero expresiva, puesto que da a entender en muy pocas palabras todo lo que esta clase de gente merecería. En cuanto a mí, amigos míos, si tuviera que forjar un deseo al respecto (y no dejaría de hacerlo si pudiera tener su efecto), desearía tener el brazo, la fuerza, el coraje y la masa de un Hércules para purgar al mundo de todos los vicios y de todas las iniquidades, y para tener el placer de derribar a todos estos monstruos de tiranos con cabezas coronadas y a todos los demás monstruos, ministros de errores e iniquidad, que hacen gemir tan lastimosa mente a todos los pueblos de la tierra.
Jean Meslier. Crítica de la religión y del estado. (Trad. M. Gras). Ed. Península, 1ª ed. Barcelona 1978. ISBN: 842971376X. 250 p. P. 36-37.
Por otro lado, estos reyes, ponen elevados impuestos a toda clase de mercancías, a fin de sacar provecho de todo lo que se vende y de todo lo que se compra, los ponen sobre los vinos, y sobre la carne, sobre los aguardientes y sobre las cervezas; los ponen sobre las lanas, sobre las telas, y sobre los encajes; los ponen sobre la pimienta y la sal, sobre el papel, sobre el tabaco y sobre toda clase de artículos. Se hacen pagar derechos de entradas y salidas, derechos de controles y de insinuaciones, se hacen pagar por las bodas, por los bautismos y por las sepulturas, cuando les parece bien; se hacen pagar por las amortizaciones, por los derechos de las comunidades, por los bosques y florestas, y por el curso de las aguas. Poco falta para que además hagan pagar por el curso de los vientos y de las nubes.
«Dejad hacer a Ergaste –dice con bastante gracia el señor de la Bruiere, en sus caracteres (en el cap. de los Bienes de la Fortuna)-, dejad hacer a Ergaste; exigirá un derecho de todos los que beben el agua del río o que andan en tierra firme, él sabe convertir en oro hasta las cañas, los juncos, la ortiga.» Si se quiere traficar en las tierras de su dominio e ir y venir libremente para vender y comprar, o sólo para transportar mercancías y efectos de un lugar a otro, hay que tener como se dice en el Apocalipsis el carácter de la bestia, es decir, la marca de la exacción y del permiso del rey. Es preciso tener certificados de sus personas, licencias, salvoconductos, pasaportes, recibos, credenciales y otras cartas de permiso semejantes, que verdaderamente son lo que se puede llamar la marca de la bestia, es decir, la marca del permiso del tirano, sin lo cual si desdichadamente uno es encontrado y apresado por guardias u oficiales de la susodicha bestia real, se corre el riesgo de ser arruinado y perdido, pues uno es arrestado de inmediato, se secuestran, se confiscan las mercancías, los caballos y los carros, y además de todo esto los comerciantes o los conductores de las dichas mercancías son condenados a grandes multas, a prisiones, a galeras, y algunas ve ces incluso a muertes vergonzosas, por estar rigurosamente prohibido traficar, ir y venir con mercancías sin tener, como he dicho, el carácter o la marca…
Jean Meslier. Crítica de la religión y del estado. (Trad. M. Gras). Ed. Península, 1ª ed. Barcelona 1978. ISBN: 842971376X. 250 p. P. 114-115.
-Las buenas historias no tratan nunca del éxito permanente sino de los fracasos espectaculares -dijo Støp-. Aunque Roald Amundsen ganó al ser el primero en llegar al polo sur, fuera de Noruega todo el mundo recuerda a Robert Scott. Ninguna de las batallas ganadas por Napoleón se recuerda como la derrota de Waterloo. El orgullo nacional de Serbia se sustenta en la batalla de Kosovo Polje en 1389 contra los turcos, una batalla que los serbios perdieron estrepitosamente. ¡Y fijaos en Jesús! El símbolo de quien, según dicen, venció a la muerte debería ser un hombre saliendo de la tumba con los brazos en alto. Sin embargo, los cristianos de todos los tiempos han preferido lo espectacular del caso: clavado en la cruz y a punto de rendirse. Porque la historia de la derrota es lo que más nos emociona.
-¿Y tú has pensado ser como Jesús?
-No -respondió Støp mirando hacia abajo y sonriendo mientras el público se reía-. Soy un cobarde. Aspiro al éxito que se olvida.
Jo Nesbø. El muñeco de nieve (Snømannen, Trad. C. Montes – A. Bernsten). Ed. Penguin Random House, Barcelona, 1ª ed. ISBN: 9788416709557. 502 p. P. 298.
-¿por qué no volvemos a decirles lo que pasó?
-porque lo único que pasó fue que todos dejaron que la vida les arrastrara a la locura y la estupidez. en esta sociedad sólo hay dos cosas que cuentan: que no te agarren sin dinero y que no te agarren mamado de ningún tipo de cosa.
Charles Bukowski. La máquina de follar (Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary, trad. J. M. Álvarez – Á. Pérez). Ed. Anagrama, 13ª ed. Barcelona 2018. ISBN: 9788433920447. 196 p. P. 107.
-pero y la justicia?
-pero qué es la justicia: el joven azotando al viejo, el vivo azotando al muerto. ¿es que no te das cuenta?
-pero tú dices esas cosas y eres viejo. -ya lo sé. vamos dentro.
saqué más cerveza y nos sentamos. el rumor de la radio del coche patrulla atravesaba las paredes. dos chavales de veintidos años con revólveres y porras iban a tomar una decisión inmediata basándose en dos mil años de cristiandad estúpida, homosexual y sádica.
no es extraño que se sintiesen a gusto con el uniforme, la mayoría de los policías son empleaduchos de clase media baja a quienes se les da un poco de carne para echar en la sartén y una mujer de culo y piernas medio aceptables, y una casita tranquila en MIERDALANDIA... son capaces de matarte para demostrar que Los Ángeles tenía razón, le llevamos con nosotros, señor, lo siento, señor, pero tenemos que hacerlo, señor.
dos mil años de cristianismo y cómo acabamos? radios de coches patrullas intentando mantener en pie mierda podrida, y ¿qué más? toneladas de guerra, pequeñas incursiones aéreas, asaltos en las calles, puñaladas, tantos locos que llegas a olvidar los, simplemente corren por las calles, con uniformes de policías o sin ellos.
así que entramos y el chico siguió diciendo:
-bueno, ¿por qué no salimos ahí y le explicamos al policía lo que pasó?
-no, chaval, por favor. si estás borracho, eres culpable, pase lo que pase.
-pero si están ahí mismo. salgamos a decírselo. -no hay nada que decir.
el chico me miró como si fuese un cobarde de mierda. lo era. él sólo había estado en la cárcel unas siete horas por una manifestación de universitarios.
Charles Bukowski. La máquina de follar (Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary, trad. J. M. Álvarez – Á. Pérez). Ed. Anagrama, 13ª ed. Barcelona 2018. ISBN: 9788433920447. 196 p. P. 108.
Yo siempre fui un solitario. Perdona, supongo que lo que me pasa es que estoy desquiciado, pero, quiero decir, salvo por lo de echar un polvete de vez en cuando, no me importaría que todos los habitantes del mundo se muriesen. Sí, sé que no es agradable. Pero yo me pondría tan contento como un caracol; después de todo fue la gente la que me hizo desgraciado.
Charles Bukowski. La máquina de follar (Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary, trad. J. M. Álvarez – Á. Pérez). Ed. Anagrama, 13ª ed. Barcelona 2018. ISBN: 9788433920447. 196 p. P. 114.
incluso yo, que soy carne de peste selecta, incluso yo me enfrenté una vez a una peste. andaba, por entonces, trabajando doce horas de noche, Dios me perdone y Dios perdone a Dios, (…)
Charles Bukowski. La máquina de follar (Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary, trad. J. M. Álvarez – Á. Pérez). Ed. Anagrama, 13ª ed. Barcelona 2018. ISBN: 9788433920447. 196 p. P. 129.
i que la yerba cree arte resulta dudoso, muy dudoso, muy dudoso. De Quincy escribió algún material bueno, y Confesiones de un inglés comedor de opio estaba lindamente escrito, aunque a ratos resultase bastante pesado, y es propio de la mayoría de los artistas probarlo casi todo. son aventureros, desesperados, suicidas. pero la yerba viene DESPUÉS, el Arte ya esté allí, viene después de que el artista ya esté allí. la yerba no produce el Arte: pero a menudo se convierte en el terreno de juego del artista consagrado, una especie de celebración del ser, esas fiestas de yerba, y también algún material cojonudo para el artista: gente cazada con los pantalones espirituales bajados, o, si no bajados, mal abrochados.
Charles Bukowski. La máquina de follar (Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary, trad. J. M. Álvarez – Á. Pérez). Ed. Anagrama, 13ª ed. Barcelona 2018. ISBN: 9788433920447. 196 p. P. 150-151.
ya hay suficientes comentaristas sociales de baja potencia cerebral. ¿por qué habría de añadir yo mi bufido de alta potencia? todos hemos oído a esas viejas que dicen: «oh, me parece sencillamente ESPANTOSO lo que hacen esos jóvenes consigo mismos, toda esa droga y esas cosas! ¡es terrible!» y luego miras a la vieja: sin ojos, sin dientes, sin cerebro, sin alma, sin culo, sin boca, sin color, sin flujo, sin humor, nada, sólo un palo, y te preguntas qué le habrán dado a ELLA su té y pastas y su iglesia y su casa en la esquina. y los viejos a veces se ponen muy violentos con lo que hacen algunos jóvenes: «he trabajado como un ANIMAL toda mi vida, demonios!» (piensan que es una virtud, y sólo demuestra que el hombre es un imbécil rematado.) «ésos lo quieren todo sin ESFUERZO! ¡se tumban a destrozarse el organismo con las drogas, dispuestos a darse la gran vida!»
y entonces tú le miras: amén.
únicamente tiene envidia. a él le han engañado. le han jodido sus mejores años, también a él le gustaría echar una cana al aire. si pudiese. pero ya no puede. así que ahora quiere que los demás sufran como él.
Charles Bukowski. La máquina de follar (Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary, trad. J. M. Álvarez – Á. Pérez). Ed. Anagrama, 13ª ed. Barcelona 2018. ISBN: 9788433920447. 196 p. P. 151-152.
No sentía rencor alguno contra la sociedad, porque no pertenecía a ella.
Charles Bukowski. La máquina de follar (Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary, trad. J. M. Álvarez – Á. Pérez). Ed. Anagrama, 13ª ed. Barcelona 2018. ISBN: 9788433920447. 196 p. P. 164.
y como Von B. era una especie de producto del gobierno norteamericano, en seguida se llenó aquello de gente, varios funcionarios de mierda de diversos tipos, bomberos, periodistas, la pasma, el inventor, la CIA, el FBI y otras diversas formas de basura humana.
Charles Bukowski. La máquina de follar (Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary, trad. J. M. Álvarez – Á. Pérez). Ed. Anagrama, 13ª ed. Barcelona 2018. ISBN: 9788433920447. 196 p. P. 190.
El horario en la fábrica de galletas para perros era de 4:30 de la tarde a 1 de la mañana.
Me dieron un sucio delantal blanco y pesados guantes de lona. Los guantes estaban quemados y tenían agujeros. Podía verme los dedos asomando. Recibí instrucciones por parte de un gnomo desdentado con una membrana que le caía sobre el ojo izquierdo, una membrana blanca verduzca con venillas azules en araña.
Llevaba trabajando en aquella empresa diecinueve años.
Avancé hasta mi puesto. Sonó un silbato y la maquinaria se puso en acción. Las galletas para perros empezaron a moverse. Se le daba forma a la masa y entonces se reunían las galletas en pesadas bandejas metálicas con bordes de hierro.
Agarré una bandeja y la puse en un horno que había detrás mío. Me di la vuelta. Allí estaba la siguiente bandeja. No había manera de que decreciese el ritmo. Sólo paraban cuando había algo que obstruía la maquinaria. Esto no ocurría a menudo. Cuando así era, el duende grotesco la ponía rápidamente otra vez en marcha.
Las llamaradas del horno se elevaban a cinco metros de altura. El interior del horno era como la rueda de un barco de vapor. Cada compartimiento era un arco de curva que abarcaba doce bandejas. Cuando el hornero (yo) llenaba un compartimiento le daba a una palanca que hacía moverse a la rueda unos grados, apareciendo un nuevo compartimiento para ser rellenado.
Las bandejas eran pesadas. Cargar una de ellas podía agotar a un hombre. Si piensas en lo que es hacerlo durante ocho horas, cargando cientos de bandejas, nunca podrías hacerlo. Galletas verdes, galletas rojas, galletas amarillas, galletas marrones, galletas púrpuras, galletas azules, galletas vitaminadas, galletas vegetales...
En tales trabajos la gente acaba agotada. Experimenta una resistencia más allá de la fatiga. Dice cosas disparatadas, brillantes. Perdida la cabeza, yo bromeé y charlé y conté chistes y canté. Me moría de risa. Incluso el malvado gnomo se rio de mí.
Trabajé durante varias semanas. Me emborrachaba todas las noches. No importaba; tenía el trabajo que nadie quería. Después de una hora en el horno, ya estaba sobrio. Mis manos estaban chamuscadas y llenas de ampollas. Todos los días me sentaba dolorido en mi habitación pinchándome las ampollas con alfileres que previa mente esterilizaba con cerillas. :
Una noche estaba más borracho de lo habitual. Me negué a cargar una sola bandeja más.
-Aquí se acabó –les dije. El gnomo tortuoso estaba traumatizado. -¿Cómo vamos a hacer las galletas, Chinaski? -Ah. -¡Danos una noche más!
Agarré su cabeza bajo mi brazo como una presa, apreté; se le tornaron las orejas rosadas.
-Pequeño bastardo -dije. Luego le dejé ir.
Charles Bukowski. Factotum (Factotum, trad. J. Berlanga) Ed. Anagrama, 5ª ed. Barcelona, 1996. ISBN: 978843390058. 192 p. P. 37-38.
—Nena -le dije-, soy un genio, pero nadie más que yo lo sabe.
Charles Bukowski. Factotum (Factotum, trad. J. Berlanga) Ed. Anagrama, 5ª ed. Barcelona, 1996. ISBN: 978843390058. 192 p. P. 59.
-Manny, ¿qué haces trabajando con repuestos de automóviles?
-Descansando. Mis ambiciones sufren el hándicap de la pereza.
Charles Bukowski. Factotum (Factotum, trad. J. Berlanga) Ed. Anagrama, 5ª ed. Barcelona, 1996. ISBN: 978843390058. 192 p. P. 96-97.
Los retretes de señoras, como de costumbre, eran los peores. Muchas de las mujeres, por lo visto, simplemente dejaban caer las toallitas usadas al suelo, y la vista de éstas, aunque familiar, era siempre perturbadora, sobre todo con resaca. Los retretes de hombres estaban de algún modo más limpios, porque los hombres no usaban toallitas higiénicas. Por lo menos, mientras trabajaba estaba solo. No era muy buen limpiawáteres; a menudo un mechón de pelo, una colilla de cigarrillo, se que daban en una esquina llamando la atención. Yo no los quitaba. Era, sin embargo, muy concienzudo con el papel de wáter y las cubiertas de las tazas: para mí eran algo comprensible. No hay nada peor que finalizar una buena cagada, ir a mirar y encontrarse con que no queda nada de papel. Hasta el más despreciable ser humano de la tierra necesita limpiarse el culo. Algunas veces me he encontrado con que no hay papel de wáter y luego cuando he ido a buscar la cubierta de papel de la taza tampoco la he encontrado. Te levantas y miras hacia abajo y ves la mierda flotando en el agua. Después de eso tienes pocas alternativas. La que encuentro más satisfactoria es limpiarte el culo con los calzoncillos, echarlos ahí junto a la mierda, tirar de la cadena y cerrar el retrete.
Acabé con los servicios de señoras y con los de hombres, vacié las papeleras y quité el polvo de unos cuantos escritorios. Luego volví al retrete de señoras. Tenían allí sofás y sillas y un despertador. Me quedaban cuatro horas de trabajo. Puse la alarma para que sonara treinta minutos antes de la hora de salida. Me tumbé en uno de los sofás y me puse a dormir.
Me despertó la alarma. Me estiré, me eché agua fría en la cara y bajé al cuarto trastero con mis aperos. El viejo Hugh se me acercó.
—Bienvenido al país de los gilipollas —me dijo, esta vez más calmado. No contesté. Afuera estaba a oscuras y sólo faltaban diez minutos para la hora de salida. Nos quitamos nuestros monos y me fijé que, en la mayoría de los casos, nuestros trajes de calle eran tan fúnebres y tristes como nuestra ropa de trabajo. Hablábamos muy poco, apenas unos murmullos. A mí no me molestaba el silencio. Era relajante.
Entonces Hugh se me pegó a la oreja:
-¡Mira a esos peleles! -me gritó— Sólo echa una ojeada a esos peleles!
Me aparté de él, yéndome al otro lado de la habi tación.
-¿Tú eres uno de ellos? -me grito—. ¿También tú eres un gilipollas?
-Sí, noble señor.
-¿Te gustaría una buena patada en el culo? —volvió a gritarme.
-No hay más que espacio vacío entre nosotros –le dije.
Viejo guerrero como era, Hugh decidió acortar es espacio y arremetió contra mí, saltando y tropezando con un sinfín de cubos. Yo me eché a un lado y él pasó volan do junto a mí. Se dio la vuelta, volvió a atacarme y me agarró de la garganta con ambas manos. Tenía unos dedos muy largos y fuertes para un hombre de su edad: podía sentir cada uno de ellos clavándose en mi cuello hasta los pulgares. Hugh olía como un fregadero lleno de platos sin lavar.
Charles Bukowski. Factotum (Factotum, trad. J. Berlanga) Ed. Anagrama, 5ª ed. Barcelona, 1996. ISBN: 978843390058. 192 p. P. 141-143.
El hombre de los repuestos de frenos me hizo subir por una angosta escalera. Se llamaba George Henley. George me enseñó el cuarto donde yo iba a trabajar, muy pequeño, oscuro, con una sola bombilla y una minúscula ventanilla que daba a un callejón.
-Bueno —me dijo—. ¿Ves esas cajas de cartón? Tienes que meter las zapatas de los frenos dentro de las cajas, así.
Henley me enseñó cómo.
- Tenemos tres tipos de cajas, cada una impresa de diferente manera. Unas son para nuestras «Zapatas de freno super duraderas», las otras son para nuestras «Su per zapatas de freno» y las terceras son para nuestras «Zapatas de freno Standard». Las zapatas están aquí al lado apiladas.
Pero a mí me parecen todas iguales. ¿Cómo las voy a distinguir?
-No hace falta. Todas son el mismo modelo. Sólo tienes que dividirlas en tercios. Y cuando acabes de empaquetar todas las zapatas, baja abajo y te pondré a hacer alguna otra cosa. ¿De acuerdo?
-De acuerdo. ¿Cuándo empiezo?
-Empieza ahora mismo. Y no se te ocurra fumar. Aquí arriba, no. Si tienes que fumar, te bajas. ¿De acuerdo?
-De acuerdo.
El señor Henley cerró la puerta. Le oí bajar las escaleras. Abrí la ventanilla y contemplé el mundo desde allí. Luego me senté, me relajé y fumé un cigarrillo.
Charles Bukowski. Factotum (Factotum, trad. J. Berlanga) Ed. Anagrama, 5ª ed. Barcelona, 1996. ISBN: 978843390058. 192 p. P. 149-150.
Cuando fui a la compañía Yellow Cab de taxis pasé por el edificio del cáncer y me acordé de que había cosas peores que andar buscando un trabajo que no deseabas. Entré y pareció lo bastante sencillo, los mismos historia les de siempre, preguntas, etc. La única novedad fueron las huellas dactilares, pero yo sabía cómo dejarme tomar las huellas dactilares, así que relajé la mano y los dedos y los apreté en la tinta. La chica me felicitó por mi destreza. No sospechó que la había adquirido en las comisarías. El señor Yellow me dijo que volviese al día siguiente para las clases de aprendizaje, y Jan y yo lo celebramos por la noche.
Janeway Smithson era una pequeña, enfermiza y canosa caricatura gallinácea de un hombre. Nos metió a cinco o seis tíos en un taxi y nos dirigimos al lecho del río de L.A. Por aquellos días, el río de Los Ángeles era un puro fraude —no había agua, sólo un ancho, llano y seco cauce de cemento. Los vagabundos vivían allí abajo por centenares, en pequeños huecos en el hormigón bajo los puentes. Algunos habían puesto incluso macetas con plantas delante de sus refugios. Todo lo que necesitaban para vivir como reyes era calor enlatado (los tubos de cale facción) y lo que recogían del vecino vertedero de basura. Estaban bronceados y relajados y la mayoría de ellos tenían un aspecto mucho más saludable que cualquier típico hombre de negocios de Los Ángeles.
Charles Bukowski. Factotum (Factotum, trad. J. Berlanga) Ed. Anagrama, 5ª ed. Barcelona, 1996. ISBN: 978843390058. 192 p. P. 152.
Smithson pasó lista.
-¡Peters! —Yep. -Calloway. -Uh, huh. -Mc Bride... (Silencio.)
-¿Mc Bride? —Ah, sí.
Siguió la lista. Pensé que estaba muy bien que hubiera tantas vacantes de trabajo, aunque también me preocupaba un poco —probablemente harían que nos enfrentara mos de alguna manera. La ley del más fuerte. En América siempre había gente buscando trabajo. Siempre había un montón de cuerpos utilizables para reemplazar a otros. Y yo quería ser escritor. Casi todo el mundo era escritor. No todo el mundo pensaba en que podía ser dentista o mecánico de automóviles, pero todo el mundo sabía que podía ser escritor. De aquellos cincuenta tíos de la clase, probablemente quince o más pensaban que eran escritores. Casi todo el mundo usaba palabras y podía también escribirlas, en consecuencia casi todo el mundo podía ser escritor. Pero la mayoría de los hombres, por fortuna, no son escritores, ni siquiera conductores de taxi, y algunos
-bastantes- desgraciadamente no son nada.
Charles Bukowski. Factotum (Factotum, trad. J. Berlanga) Ed. Anagrama, 5ª ed. Barcelona, 1996. ISBN: 978843390058. 192 p. P. 155.
-Bueno, la mayoría de vosotros os creéis que sabéis conducir ¿eh, tíos? Pero el hecho es que muy poca gente sabe conducir, sólo sabe guiar a medias. Cada vez que conduzco por la calle me maravillo de que no ocurran más accidentes. Cada día veo a dos o tres personas saltar se un disco en rojo como si no existiera. Yo no soy un predicador, pero puedo deciros esto: con la vida que lleva la gente se está volviendo loca y su locura se manifiesta en la forma como conduce. Yo no estoy aquí para deciros cómo tenéis que vivir. Para eso ir a ver a vuestro rabino o a vuestro cura o a vuestra puta. Yo estoy aquí para enseñaros a conducir. Trato de mantener bajas nuestras tasas de seguro y manteneros vivos para que podáis volver por la noche a vuestras casas a comeros el chocho de vuestras mujeres.
-Hostia -dijo el chico que estaba a mi lado—, el viejo Smithson tiene labia, ¿eh?
-Todo hombre es un poeta -dije yo.
Charles Bukowski. Factotum (Factotum, trad. J. Berlanga) Ed. Anagrama, 5ª ed. Barcelona, 1996. ISBN: 978843390058. 192 p. P. 156.
Mientras siguieran trabajando, el trabajo les haría libres.
Paul Auster. La música del azar (The Music of Chance, trad. M. de Juan). Ed. Anagrama, 1ª ed. Barcelona 1998. ISBN: 9788433966117. 252 p.
Auster en la novel·la escriu aquesta frase que s’assembla a la del famós rètol del camp d’extermini nazi d’Auschwitz: “el treball ens fa lliures”.
Las arrugas y bolsas en el rostro son las notas que las grandes pasiones, los vicios y las lecciones de esta vida dejaron al visitarnos, solo que nosotros, los señores, no estábamos en casa.
Walter Benjamin. Iluminaciones. (Trad. J. Aguirre – R. Blatt). Ed. Taurus, 1ª ed.2019. ISBN: 97884306193382. 480 p. P. 51.
Un concepto radical de libertad no lo ha habido en Europa desde Bakunin.
Walter Benjamin. Iluminaciones. (Trad. J. Aguirre – R. Blatt). Ed. Taurus, 1ª ed.2019. ISBN: 97884306193382. 480 p. P. 68.
“Ninguna obra de arte es considerada en nuestra época con tanta atención como la propia fotografía, la de los parientes y amigos más próximos, la de la mujer amasa”. Lichtwark, 1907.
Walter Benjamin. Iluminaciones. (Trad. J. Aguirre – R. Blatt). Ed. Taurus, 1ª ed.2019. ISBN: 97884306193382. 480 p. P. 86.
El carácter destructivo no vive del sentimiento de que la vida sea valiosa, sino del sentimiento de que el suicidio es algo que no merece la pena.
Walter Benjamin. Iluminaciones. (Trad. J. Aguirre – R. Blatt). Ed. Taurus, 1ª ed.2019. ISBN: 97884306193382. 480 p. P. 93.
La cosa está bien clara: la cotización de la experiencia ha baja in y ello, además, en una generación que, entre 1914 y 1918, ha dado una de las experiencias más atroces de la historia universal. Lo cual quizá no sea tan extraño como parece. ¿Acaso no se pudo constatar entonces que la gente volvía muda del campo de batalla? No más ricas, sino más pobres en experiencias comunicables. Y lo que diez años más tarde nos inundó con un raudal de libros sobre la guerra respondía a todo menos a la experiencia que corre de boca en boca. No, extraño no era. Porque jamás ha habido experiencias tan desmentidas como las de la estrategia con la guerra de trincheras, o las de la economía con la inflación, o las del cuerpo con el hambre, o las de la moral con la tiranía. Una generación que había ido a la escuela en tranvía tirado por caballos se encontró, de golpe, indefensa en un paisaje en el que todo había cambiado menos las nubes y en cuyo centro, en un campo de fuerzas martilleado por las explosiones e inundado por ríos de destrucción, estaba el diminuto y frágil cuerpo humano.
Una pobreza del todo nueva ha caído sobre el hombre coincidiendo con ese enorme desarrollo de la técnica. Y el reverso de esa pobreza es la sofocante riqueza de ideas que se dio entre la gente ---o, más bien, que se les vino encima-- al reanimarse la astrología y la sabiduría del yoga, la Ciencia Cristiana y la quiromancia, el vegetarianismo y la gnosis, la escolástica y el espiritismo. Porque además, todo eso no fue una reanimación auténtica, sino más bien una galvanización. Se impone aquí pensar en los magníficos cuadros de James Ensor, en los que se ven procesiones de fantasmas que inundan las calles de las grandes ciudades: pequeñoburgueses disfrazados para el carnaval, máscaras desfiguradas y totalmente empolvadas de harina, con coronas de oropel sobre las frentes, bailando y deambulando por las callejuelas. Quizá esos cuadros sean, sobre todo, una copia del renacimiento caótico y terrible es el que tantos ponen sus esperanzas. Pero lo que desde luego se pone aquí de manifiesto es que la pobreza de nuestra experiencia no es sino una parte de la gran pobreza que ha cobrado rostro de nuevo -tan exacto y afilado como el de los mendigos en la Edad Media--. Pues ¿de qué nos valen los bienes de la educación y cultura si la experiencia no nos vincula con ellos? El horrible galimatías de estilos y cosmovisiones del siglo pasado nos ha mostrado con tal claridad adónde conduce simular o solapar la experiencia que ahora no podemos dejar de tener como los honroso la confesión de nuestra pobreza. Sí, reconozcámoslo: experiencia no es solo pobre en experiencias privadas, sino en de la humanidad en general. Se trata, pues, de una especie nueva barbarie.
Walter Benjamin. Iluminaciones. (Trad. J. Aguirre – R. Blatt). Ed. Taurus, 1ª ed.2019. ISBN: 97884306193382. 480 p. P. 95-96.
Entre los grandes creadores siempre han existido aquellos tipos implacables que lo primero que han hecho ha sido tabla rasa.
Walter Benjamin. Iluminaciones. (Trad. J. Aguirre – R. Blatt). Ed. Taurus, 1ª ed.2019. ISBN: 97884306193382. 480 p. P. 97.
No te vuelvas imbécil, manténte alejado de los ricos y no te olvides de tu viejo amigo.
Alessandro Barricco. Tierras de cristal. Pg. 203.
Somos tiempo cuajado, solo existe lo que se amó. (Marta Rebón)
Cuando leemos un texto literario perspicaz y seductor, el mundo se vuelve más habitable. (Marta Rebón)
-Pero nosotros no lo veremos -dijo Lisio-. Porque mi abuelo bien lo sabía, y antes de morirme dejó por herencia, desde lo más oscuro de su sangre, que un día nosotros invadiremos la tierra: y la tierra será de hombres, no de héroes, ni de reyes, ni de fantasmas. Y así, las leyes tomarán nuevos cauces, y tal vez algún día, el cielo y la tierra podrán llegar a un entendimiento, y la luna bajará a beber de nuestro mar, y la tierra subirá a tomar la luz del sol. Sólo sucederá esto el día en que todos nos miremos a los ojos y escuchemos muestras palabras, y hablemos la misma lengua: la lengua del amor. Pero ni tú ni yo lo veremos, ni los hijos de nuestros hijos, ni los hijos de los hijos de nuestros hijos. Ésta fue la única herencia que me llegó mi abuelo, y así la conservo; para transmitirla de Sangre a sangre, de corazón a corazón, de voluntad a voluntad.
Predilecto, muy confuso ante tan, para él, incomprensibles palabras, dijo:
-¿Y cómo conocía tu abuelo esas cosas?
-Porque de voluntad a Voluntad, de sangre a sangre, hombres desdichados cuidaron de que su única herencia pos se perdiera. -
Predilecto quedó muy pensativo, y al fin se dijo que, a su era partícipe de tal herencia, y como tal, no la dejaría perder en palabras, vanos actos, sinrazones y egoísmo que cubrían la corteza del mundo. Tanto es así que, por contra, la horadaría como dardos, y desentrañaría la verdad que, acaso, latía en la piel de las cosas y de la vida.
Ana Mª Matute. Olvidado rey Gudu. Ed. Espasa Calpe, 2ª ed. Madrid, 1996. ISBN: 8423976645. 870 pàgs. Pàgs. 407-408.
… se amaron de tal forma, que en mucho tiempo -antes y desde ellos; y en tierras aún muy lejanas a las suyas, o en siglos de ambas orillas del tiempo- no llegarían a amarse igual dos criaturas humanas.
Ana Mª Matute. Olvidado rey Gudu. Ed. Espasa Calpe, 2ª ed. Madrid, 1996. ISBN: 8423976645. 870 pàgs. Pàg. 481.
Porque la pasión también puede anidar en cualquier lugar del ser humano aunque no resida precisamente en el corazón. En la mente, quizá, es más poderosa.
Ana Mª Matute. Olvidado rey Gudu. Ed. Espasa Calpe, 2ª ed. Madrid, 1996. ISBN: 8423976645. 870 pàgs. Pàg. 639.
La excitación resultante del coito arácnido, según él, había resistido a una eyaculación aérea y a varias duchas de agua fría. Al cabo de cuatro décadas y sinfín de aventuras, la memoria de las velludas bestezuelas agarradas bajo el inclemente cielo azul de Baron Rouge venía a veces a turbarlo y, aun ahora, cuando los años aconsejaban moderación, aquella remota imagen, al emerger de pronto en su conciencia, lo empingorotaba más que un jalón de yobimbina.
Mario Vargas Llosa. Los cuadernos de don Rigoberto. Ed. Alfaguara, Madrid, 1997. ISBN: 84-204-8263-3. 386 pp. P. 95.
La Naturaleza no pasada por el arte o la literatura, la Naturaleza al natural, llena de moscas, zancudos, barro, ratas y cucarachas, es incompatible con placeres refinados, como la higiene corporal y la elegancia indumentaria.
Mario Vargas Llosa. Los cuadernos de don Rigoberto. Ed. Alfaguara, Madrid, 1997. ISBN: 84-204-8263-3. 386 pp. P. 44.
El deber de todas las cosas es ser felicidad; si no son inútiles o perjudiciales.
Jorge Luis Borges.
Los gobiernos aliados solo defienden intereses, la revolución rusa defiende principios, (Trotsky / Lenin)
Jacques Sadoul. Cartas desde la revolución bolchevique. (Notes sur la révolution bolchevique, trad. Inés i Constantino Bértolo). Ed. Turner, Madrid 2016. ISBN: 978-84-106714-04-9. 500 pàgs. Pàg. 157.
(yo pienso siempre en publicar, nunca en escribir)
Osvaldo Lamborghini. Novelas y cuentos. Ed.Del Serbal, Barcelona, 1988, 1ª ed. ISBN: 84-7628-046-7. 320 pàgs. Pàg. 85.
Un hombre que besa y el betún anega sus párpados.
Osvaldo Lamborghini. Novelas y cuentos. Ed.Del Serbal, Barcelona, 1988, 1ª ed. ISBN: 84-7628-046-7. 320 pàgs. Pàg. 128.
“Un hilillo de agua”
La señora Verrière vivía en un cuarto sencillo y sobrio adornado de muebles honestos, pero donde se adivinaba que preocupada sin tregua por otras cavilaciones, no se había inquietado jamás por poner orden entre los cachivaches, los marcos y el polvo. Cuando entraron sus visitantes, estaba sentada ante una mesa cargada de papeles y llevaba un par de gafas que se quitó al levantarse.
—Mi querida señora Verrière —dijo el señor Cabillaud con su mayor aire de hombre de mundo —, le presento a mi amigo el señor Santiago de Meillán, quien no la ha visto a usted más que una vez de paso en casa de su padre, pero que arde en deseos de entablar conocimiento con usted, de una manera más completa. La señora Verrière tendió al joven una mano gorda y sin sortijas, al extremo de un brazo corto y gordo. Su cuerpo enorme ondulaba lentamente dentro de su traje negro, y su cabeza de emperador romano glotón, pero pálida y gelatinosa, se balanceaba para mejor confirmar su sonrisa de bienvenida
—Muy amable por haber pensado en mí — respondió entonces con una voz estupefaciente de tenuidad y que parecía salir del bloque de su cara como un hilillo de agua de un acantilado —; le reconozco a usted en ese rasgo, mi querido señor Cabillaud. Y el señor Santiago será siempre muy bien recibido en casa de la señora Verrière... Su padre ha venido ya a verme esta mañana.
Destino
—Esta noche, Julieta, esta misma noche. Y sin que su exaltación extraña decayera un segundo para dejar sitio a los consejos pausados de la reflexión, se levantó, arrastró consigo a su amiga, entró en un restaurante de la Playa abierto aún a causa de aquella noche tan rara, pidió papel, y sin tachaduras, sin releerse, cual de un solo impulso y en sueños, escribió una petición de matrimonio al señor Brémond, como si fuera la cosa más natural, y Julieta, inclinada por encima del hombro de él, seguía sus palabras, aprobándolas en su corazón, cargándolas en su deseo con una fuerza infinita de persuasión,
Esta carta, compuesta con entusiasmo, era metódica y sencilla, como si se la hubiera fechado en una oficina confortable. Santiago y Julieta se sonrieron. Quedó decidido que la carta sería confiada a un buzón postal del centro de la ciudad, para que pareciera proceder de la propia casa de Santiago, y que Julieta regresaría a la suya muy tranquilamente, como quien ha tenido de pronto la idea de tomar el aire de una noche de primavera, ha salido sola por miedo a que se le rehusara el permiso para ello y se ha retrasado un poco sin duda...
(Pàg. 122)
—Esta noche, Julieta, esta misma noche.
Y sin que su exaltación extraña decayera un segundo para dejar sitio a los consejos pausados de la reflexión, se levantó, arrastró consigo a su amiga, entró en un restaurante de la Playa abierto aún a causa de aquella noche tan rara, pidió papel, y sin tachaduras, sin releerse, cual de un solo impulso y en sueños, escribió una petición de matrimonio al señor Brémond, como si fuera la cosa más natural, y Julieta, inclinada por encima del hombro de él, seguía sus palabras, aprobándolas en su corazón, cargándolas en su deseo con una fuerza infinita de persuasión,
Esta carta, compuesta con entusiasmo, era metódica y sencilla, como si se la hubiera fechado en una oficina confortable. Santiago y Julieta se sonrieron. Quedó decidido que la carta sería confiada a un buzón postal del centro de la ciudad, para que pareciera proceder de la propia casa de Santiago, y que Julieta regresaría a la suya muy tranquilamente, como quien ha tenido de pronto la idea de tomar el aire de una noche de primavera, ha salido sola por miedo a que se le rehusara el permiso para ello y se ha retrasado un poco sin duda...
—Pues ¿qué hora es...?
Ya era medianoche. Los jóvenes se separaron tras de un último beso; pero, sin una promesa siquiera, estaban seguros del porvenir... Y de nuevo su destino se apoderó de cada uno de ellos.
El alba había remplazado al divino claro de luna cuando Santiago se decidió a subir a su casa.
(Pàg. 150)
Francis de Miomandre (1880-1959). Escrito en el agua (Écrit sur l’eau, trad. G. Gómez de la Mata). Ed. Plaza & Janés, 2ª ed. 1964. Época 1968. “Los Premios Goncourt de Novela, vol. 1”, sense ISBN. 134 pàgs. Pàg. 129.
Substancia
- No tienen fe en nada. Y de ahí nace el ser embusteros. ¿Qué va a decir el hombre sin fe? ¿Tú sabes lo que dicen en nuestra tierra cuando descalifican a un hombre? No dicen «es un ladrón» ni «un criminal» aunque lo sea. Eso no tiene tanta importancia. Lo grave es si dicen: «es un sinsubstancia» o bien «un desubstanciado. En el hombre, la substancia es la fe. Ésa es toda la cuestión.
Ramon J. Sender. Crónica del alba, 1. Ed. Destino, Barcelona, 1ª ed. 1973. ISBN: 84-233-0813-8. 658 pàgs. Pàg. 12.
Ojos
Valentina tenía grandes ojos que no le cabían en la cara y sus dos trenzas cortas se levantaban sobre la cabeza, y en el lugar donde se unían, su madre le ponía un pequeño ramillete de flores de trapo, pequeñas, amarillas, verdes, rojas.
Ramon J. Sender. Crónica del alba, 1. Ed. Destino, Barcelona, 1ª ed. 1973. ISBN: 84-233-0813-8. 658 pàgs. Pàg. 24.
En España se envidian hasta los defectos, hasta las desgracias, hasta las maneras de morir se envidian. Se envidia el tamaño de las esquelas de defunción, en España.
Ramón J. Sender. Crónica del alba, 2. Ed. Destino, Barcelona, 1ª ed. 1973. ISBN: 84-233-0814-6. 700 pàgs. Pàg. 648.
Catalanofobia, hacia 1914
Había un grupo de chicos catalanes muy beatos. Eran callados, obedientes, y dos o tres de ellos hablaban de hacerse curas. Con ellos hizo un efecto tremendo el éxtasis o arrobo o trance del lego, que yo les había contado. Me escuchaban con la boca abierta.
Días después, uno de ellos, que se llamaba Tarsicio, me dijo que sería cura y que terminaría la carrera a los diecinueve años. Yo le dije que seguramente no lo aceptarían si no podía enseñar un expediente de «limpieza cataláunica». Los otros tres beatos, que andaban siempre cerca de Tarsicio, se acercaron a preguntar qué era la limpieza cataláunica.
-Es para poder demostrar -expliqué muy serio- que vuestros antepasados no intervinieron en la muerte de Jesús. Añadía, como si fuera un hecho generalmente sabido, que a Jesús lo mataron los catalanes.
-No, eso no es verdad. Lo mataron los judíos - dijo alguien muy excitado.
Yo simulaba una calma de persona mayor:
-¿Vosotros no sabéis que Poncio Pilato, antes de ser gobernador de Judea tuvo el mismo cargo en Tarragona? Ah, si no sabéis historia yo no tengo la culpa. Pero podéis mirarlo en el diccionario.
Tarragona estaba muy cerca de Reus. No más de una hora en tren y era sabido que allí estuvieron los romanos. Este dato tan concreto desarmaba un poco a los futuros sacerdotes. En cuanto al diccionario yo sabía que no podrían consultarlo.
-Vosotros sabéis- les dije - que los romanos sacaban sus tropas de las colonias y que los mejores soldados de aquel tiempo eran catalanes de la ribera del Llobregat- De allí soy yo - dijo uno.
-Y como eran tan buenos soldados Pilato se los llevó a Jerusalén. Cien soldados y un centurión. El centurión era de Arenys de Mar e iba siempre jurando: redéu, redéu, fill de puta. Ése es el que prendió a Jesús, lo clavó en la cruz y se jugó sus vestidos. Y se llamaba Lonchinat, de donde vino Longinos, el que dio también la lanzada a Jesús. Por eso, antes de ser curas, los catalanes tienen que mostrar la «limpieza cataláunica». Desde hace cincuenta y dos generaciones. Para eso hacen falta muchos papeles. Muchísimos papeles. Y escudos, y árboles genealógicos.
-¿Cómo sabes tú eso? - me preguntó Tarsicio.
Yo tenía que buscar alguna garantía autorizada y dije que me lo había dicho el lego del taller. Para tranquilizarlos añadía:
-Ahora, si tenéis el árbol genealógico ya hecho, la cosa es más fácil.
Los chicos escuchaban perplejos. Aquella palabra última - genealógicos - no la podían pronunciar fácilmente sus laringes catalanas. Por fin, uno declaró que su familia tenía esa limpieza cataláunica porque había en ella una monja y suponía que habían hecho las investigaciones para ella. Mientras hablaba llegó Ervigio, que escuchaba en silencio. Al oír lo de la monja intervino:
-No, eso no vale. Con las monjas rige otra ley. La ley de las Oblatas cuaternianas de Trento.
Ramon J. Sender. Crónica del alba, 1. Ed. Destino, Barcelona, 1ª ed. 1973. ISBN: 84-233-0813-8. 658 pàgs. Pàgs. 235-236.
Presidio
– ¿Quince días? – No esta vez lo van a mandar al penal. Ha habido juicio y sentencia. – A mí me iría bien un poco de esa música. El tiempo sobra en el penal. Entre nosotros, hay muchos que lo han aprendido todo en el penal. Y lo bueno que tiene estar en presidio es que ya no tiene uno miedo de que lo encierren. Tampoco los muertos deben tener miedo de morirse. Algo es algo.
– Pues ya lo sabes, la puerta está abierta para los hijos de puta y también para los hijos de banquero.
– Especialmente para los hijos de puta.
Ramon J. Sender. Crónica del alba, 1. Ed. Destino, Barcelona, 1ª ed. 1973. ISBN: 84-233-0813-8. 658 pàgs. Pàgs. 483.
No hi ha res tan difícil per l’ànima com la feina, però és l’únic valor que preval.
Lentamente fue muriéndose, si bien, en el minuto fatal, logró murmurar con el último aliento:
-Ella, mi niño, será una dama de alcurnia, con su culo de fresa en un puño, y extensible y chispeante como un golpe de abanico.
(Pàg. 73)
No, querido, le aclaró a Traxio. Ud. deduce que le gusto a las mujeres. Aviso que mi amor es la poronga: soy totalmente virgen de adelante, mientras capaz de comerme un obelisco por el culo. Tampoco soy el Hijo de Dios. Pertenezco a la más imbécil de las especies, la especie humana. En cuanto a mí, es Rasputín veo al mirarme al espejo. Me desperté un día en una celda (yo era un delincuente) y entonces me ocurrió el más triste suceso de mi vida. Vi patente una araña, juro que la vi. Cierto que la noche anterior había robado un cajón de botellas de anís árabe, agarrándome (mejor dicho, cayéndome) con una borrachera loca. Pero miré la araña, y estaba allí. Y yo que siempre estado recorriéndolo todo, escapando de la autoridad por estafando con el cuento del Mesías a los tontos, huyendo siempre. Bueno, para abreviar el relato, esa araña no era venenosa, pero me afectó de otra manera: ella estaba allí inmóvil, yo pensaba comérmela y tenía miedo de que los otros presos (era colectiva la suite de los ladrones) se despertaran y empezaran a querer discutirme la propiedad de la araña. Atormentaba el hambre allí en esa horrible celda... Perra gente los romanos con los presoso. Pero, mi preocupación resultó inútil: la araña había desaparecido. Despacito recorrí la jaula, incluso revisé con dedos finos de a mis compañeros. En ese momento me pareció un misterio. En fin, tuve que resignarme: me quedé sin comer.
Pasaron algunas horas. Perdí el hambre y, ahora, prepárese, Traxio, empecé a sentirme raro, a creerme, pero se lo juro, a creerme mi propio cuento. Hasta el de los tres reyes, en el que uno negro para agregarle un detalle impresionante y que dio resultado. Me di cuenta de que era un pobre hombre. Quizá porque no soportaba la comprensión de que tenía treinta y tres años y ya era tarde para empezar de nuevo... entonces llegué a… verme como Hijo de Dios, igual que en mi propio invento: inmortal y salvador del mundo. También creí que iba a resucitar muertos, a convertir las piedras en panes y el agua en un vino exquisito. Había algo también con las florecillas y el hambre (perra gente los romanos con los presos). Amaría al hombre, sí ; también me dio por el amor entre los hombres, y si bien yo encuentro goce cuando un bufarra me la da, sin relación alguna la pasión del culo. Yo mismo, en serio, empecé a contarme mi patraña. Fue una suerte que no tuviera un peso, porque si no, seguro, me pongo a repartir limosna entre la gente del hampa. Fue una suerte. Pero la desgracia llegó enseguida. Se me ocurrió una de esas “grandes ideas” que sólo se tienen cuando uno está muy borracho o muy drogado... o cuando la araña se mete en el cerebro. ¿Entiende ahora lo que me había pasado? Claro que entiende, Taxio: la araña me estaba chupando el cerebro. Todo me parecía muy lógico. La “gran idea” que -le contaba- se me ocurrió fue la de llamar al guardia y decirle que tenía que hablar con el oficial por algo urgente. Al principio desconfió, pero para mi desdicha, en días habían asesinado a un comerciante de Roma que viajaba su hija y un baúl lleno de joyas. Les robaron las joyas y los degollaron. (A la muchacha se la pasaron por lo menos quince. (Yo no hago esas cosas. Tengo la suerte de ser totalmente puto.) La madre quedó como atrapada por la araña. Mandó construir a urna de oro para guardar la sangre del ano pobrecito de su hija. Falta de costumbre, yo puedo tragarme la de un caballo. Todo esto se supo por un sirviente que se salvó. Como los romanos querían dar rápido un escarmiento, el guardia me sacó de celda, atándome las manos a la espalda (habrá pensado que tenía algún dato) y me llevó donde, en un diván, un tipo de musculatura impresionante, despacito y de costado, se la estaba dando a un pibe que era un sueño aunque no tendría más de quince abriles. El muchacho era un verdadero profesional: bastaba mirar cómo le acariciaba los huevos y se hacía agarrar de los pezones mientras se abría cada vez más. El bufa ya empezaba a darle y darle fuerte, preparándose para llenarlo de leche. “Me voy, querida, me voy”, decía, y el otro, que tenía una mano blanca, de dedos y uñas redondeadas, una mano que contrastaba comparándola con la pelambre negra que rodeaba la verga del oficial, empezó a trabajarlo de fino: “Sí, macho, acabame. Haceme lo que Estoy esperando primero el chorro fuerte, y después el goteo poco a poco, como cuando empieza a llover: llega como en gotas hasta el fondo del orto. No vayas a sacármela rápido, querido cuando salgas hacé que la cabezona pase despacito por el hoyo. Me vas a volver loca....” A los tres o cuatro minutos el oficial empezó a sacudirle con todo. Entró después en estado de calma. Había acabado, pero igual se la dejaba bien adentro. Empezó a salir sola y el pibe se echó su polvo, entonces, con las últimas gotas que le caían adentro. Después, ya jugado, se deslechó fuerte, no mojó el diván. Se deslechó, me parece, cuando empezó la enorme cabeza de ídolo que el otro portaba entre las piernas, cuando empezó a hacerse sentir yéndose. Al salir el miembro, el que maravillosa hacía de señora debía sentir el chapoteo vacío, entre la cabeza que se retira y el charco de leche que queda…
-Pero usted vino a contarme esto?
-¿Y qué quería, la Inmaculada Concepción de mi mami? Le gusta que me la den. Pero aquel pibe. Ese polvo es lo mejor que he visto en mi vida. Creí que a usted le gustaría.
(Pàgs. 310-312)
...Pero antes comprender que el estilo sabio (sabio: esclavo) irrumpió impertérrito, para disimular un cohecho de Maker: la lascivia, aunque el biblio-corruptor -estúpido y vanidoso- un Felipe II, fanático, que toma a Dios por su aliado. ¡La Armada Invencible! Imposible ocultarlo: España es idiota y sin atenuantes, España es vil, pero con una vileza que por una vez (inescrutable designio) hubiera permitido saltar la prohibición de que el oro se confunda con el goce y con el ser. Necesariamente, hoy es el no-ser. España es vil como la carátula de un proceso, cuya función es anticipar el tema: en este caso, Vileza. Que una nación de perros acoja exiliados poco importa. Nada pero nada. Nada de agradecimientos. Que el no-ser fuera, hubiera hecho del Descubrimiento ese Descubrimiento, pero España lo hundió, vil, en lo trivial.
(Pàg. 324)
Me he pasado toda la vida hablando de los tadeys y todavía no logré ver ninguno. Lo mismo he gozado.
En aquella indeterminada época llamada Edad Media (estúpida gente los historiadores) desde Lomes-Goms, capital de me territorio de La Comarca, y desde allí hasta Roma, ciudad (estúpida gente los arquitectos) donde terminan dirimiéndose los problemas religiosos, desde las controversias teológicas hasta las minucias del culto, el Obispo de Lomes-Goms, Obispo realidad el representante del poder en La Comarca (gente estúpida los reyes -debido a un copioso intercambio de correspondencia casi casi volvió locos a los amanuenses del Papa). (Gente estúpida por completo, los Papas. Algunos acostumbran amatarlos)
Existía cierta cercanía geográfica entre Lomes-Goms y posiciones otomanas, por lo tanto peligro de infiltración. El fanatismo eclesiástico prosperaba con facilidad. El enredo lingüístico de La Comarca -inextricable mezcla de raíces latinas, eslava y arábigas- complicaba el problema religioso, ya que los tendían naturalmente a mezclarse, confraternizar y masacrarse sin cuidar tanto los detalles. Para muchos ambiciosos hasta el mínimo diferendo (que hubiera podido resolverse mediante mesurada negociación) servía para encender la mecha de la intolerancia y la violencia más desaforadas. Si a todo esto se le agregan las luchas por el poder, era posible encontrar un panorama un tanto siniestro, igualmente cercano a la estupidez y la crueldad: sería superfluo mencionar la guerra, cosa de todos los días: lo único divertido es matar.”
Explicada esta situación, resulta más fácil comprender cómo iniciativa en apariencia nimia como la del cura Maker Say, que por supuesto hablaba latín y comarquí, se convirtiera en un escándalo que figura aún en las amarillentas crónicas de la época (Edad Media: gente estúpida los bibliotecarios).
(Pàgs. 384-385)
Fíjense por un segundo, si es que aún no abandonaron, también ocurrieron hechos fundamentales en aquella anterior modernidad, pero si hasta la faz del mundo ha cambiado: aunque no, hoy yo no me levanto de la cama para nada. Escribo en unas escolares hojitas de papel, tomaré otro café y fumaré unos cigarrillos, unos 60 o más, y después la siesta -tecnología española de lo mejor- no me la pierdo ni disfrazado de ese osito panda (vamos, ojalá muera de una vez el bicho ese del zoo, tan excepcional, después de haber cambiado el curso de la historia).
Otra modernidad, no la nuestra. La capital de LacOmar: LacOmar, un inmenso territorio de 11 millones de kilómetros cuadrados, tierra cristianísima y relativamente tranquila aunque debía, en sus puertas o en cada descuido, soportar a los turcos (y lo que viene no es un chiste): gente cargosa y pesada, más aburrida que chupar un clavo.
(Pàg. 389)
Osvaldo Lamborghini. Tadeys. Ed. Random House Mondadori, 1ª ed. Barcelona, 2015. ISBN: 978-84-397-3026-2. 436 pàgs.
Sin embargo, durante aquél tiempo, él había aprendido otra triste verdad: el tiempo cura las heridas pequeñas, pero solo puede servir de venda para las grandes, que continúan sangrando por debajo.
Rutherfurd, Edward. París. (París. Trad. D. Gallaert – A. Herrera). Ed. Roca, 1ª ed. Barcelona, 2014. ISBN: 978-84-15729-60-0. 846 pàgs. Pàg.. 497.
Yo le expliqué que el amor no existía, que era una invención de un italiano llamado Petrarca y de los trovadores provenzales. Que eso que las gentes creían un cristalino manar de la emoción, una pura efusión del sentimiento, era el deseo instintivo de los gatos en celo disimulado detrás de las palabras bellas y los mitos de la literatura. No creía en nada de eso, pero quería hacerme el interesante. Mi teoría erótico-biológica, por lo demás, dejó a la tía Julia bastante incrédula: ¿creía yo de veras esa idiotez?
Mario Vargas Llosa. La tía Julia y el escribidor. Ed. Alfaguara, 3ª ed. Madrid, 2010. ISBN: 978-84-204-4353-9. 468 pàgs. Pàgs. 26-27.
Yo soy cosa mía.
Arturo y Carlota Pérez-Reverte. El capitán Alatriste. Ed. Alfaguara, 2ª ed. Madrid, 1996. ISBN: 84-204-8353-2. 248 pàgs.
-¿Està bien enterrado?
-Sí.
Gabriel clavó la vista en el suelo.
-Iré a verlo.
Sebastián e Itapúa semiraron entre sí, pues Gabriel envejecía.
-¿Por qué ir? No hay nada que ver.
-Entonces iré y noveré nada.
Bolt, Robert. La misión. (The Mission, trad. E. Riambau Saurí). Ed. Versal, 1ª ed. Barcelona, 1986. ISBN: 84-86311-43-8. 312 pàgs. Pàg. 73.
En aquella época, cuando aún era joven, me costaba emplear la palabra matar. Nunca mataba: daba el billete, borraba, hundía, desintegraba, hacía puré, desmenuzaba, dormía, pacificaba, quebrantaba, malograba, abrigaba, ponía bufandas y sonrisas perennes, archivaba, vomitaba. Quemaba. Pero al Pajarito no lo quemé, sólo quería verlo y platicar un rato con él. Sentir su tictac y recordar mi pasado.
Roberto Bolaño. Putas asesinas (Prefiguración de Lalo Cura). Ed. Anagrama, 11ª ed., Barcelona, 2013. ISBN: 978-84-339-6808-1. 228 pàgs. Pàg. 111.
Ahora no hay tiempo para aburrirse, la felicidad desapareció en algún lugar de la tierra y sólo queda el asombro. Un asombro constante, hecho de cadáveres y de personas comunes y corrientes como el Pajarito, que me daba las gracias.
Roberto Bolaño. Putas asesinas (Prefiguración de Lalo Cura). Ed. Anagrama, 11ª ed., Barcelona, 2013. ISBN: 978-84-339-6808-1. 228 pàgs. Pàg. 112.
El catalán corriente tal vez no lo sepa, pero históricamente pertenece a un tipo especial: el de resucitado. Varias veces a lo largo de los diez siglos de su historia natural, ha desaparecido, como catalán, y otras tantas ha reaparecido.
Victor Alba (Ara 04/08/2020, p. 36)
Yo entré y comenzaron a aplaudirme. En lo que se refería a lecturas poéticas, me lucía la gloria por las pelotas.
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 6.
La educación era la nueva divinidad, y los hombres educados los nuevos poderosos hacendados.
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 33.
-Te llevaré a la tumba, viejo cojón!
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p.
Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres, me daban miedo porque a veces querían tu alma, y lo poco que quedaba de la mía, quería conservarlo para mí.
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 83.
No estaban pensando en la esclavitud de la pobreza, ni en la esclavitud de la beneficencia y los sellos de comida. El resto de nosotros viviría tranquilo hasta que los pobres aprendiesen a construir bombas atómicas en sus sótanos.
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 110.
-Leí tu relato en Knight -dijo Louie-, era muy extraño. Tú nunca te has jodido una mujer muerta, verdad?
-Algunas de ellas lo parecían. -Sé a lo que te refieres.
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 129.
-Mira, cielo, quiero el número de teléfono del dueño de los apartamentos... Tú has vivido aquí muchos años. Sé que tienes ese número. Lo necesito.
-Lárgate —dijo él.
-Escucha, cielo, seré buena contigo... Un beso, te daré un enorme beso todo para ti.
-¡Ramera! -dijo él— ¡Buscona!
Richard cerró de un portazo. Tammie volvió a entrar en mi apartamento.
-¿Hank? -¿Sí?
-¿Qué es una ramera? Sé lo que es una rama, ¿pero qué es una ramera?
-Una ramera, querida mía, es una puta. -¡Cómo se atreve ese sucio hijo de puta!
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 169.
Era una noche muy calurosa y los dos sudábamos. Mercedes estaba colocada con los porros y la cerveza. Decidí acabar con alguna floritura. Enseñarle un par de cosas.
Bombeé una y otra vez. Cinco minutos. Diez minutos más. No podía correrme. Empecé a fallar, se me iba quedando blanda.
Mercedes se preocupó.
-¡Hazlo! -pidió ¡Oh, hazlo, querido! No sirvió de mucho. Me eché a un lado.
Era una noche insoportablemente calurosa. Cogí la sábana y me limpié el sudor. Podía oír mi corazón latiendo a rebato. So naba triste. Me preguntaba qué pensaría Mercedes.
Agonicé allí tumbado, con el badajo fláccido.
Mercedes giró su cabeza hacia mí. La besé. Besarse es más Intimo que joder. Por eso nunca me gustaba que mis novias be saran a los hombres. Hubiera preferido que se los jodiesen.
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 171.
Ese es el problema con la bebida, pensé, mientras me servía un trago. Si ocurre algo malo, bebes para olvidarlo; si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo; y si no pasa nada, bebes para que pase algo.
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 188.
Ella estaba en contra de matar animales, no comía carne. Su pongo que tenía bastante carne consigo misma.
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 199.
Aquello lo jodió todo. Ni siquiera podía arreglar nada hablando. Estreñimiento confesional. Falta de comunicación. Tenía enemigos en las alturas.
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 262.
Llevaba el abrigo de mi difunto padre, que era demasiado grande. Mis pantalones eran demasiado largos, los bajos caían sobre los zapatos y eso estaba bien porque llevaba los calcetines rotos y los tacones desgastados. Odiaba a los peluqueros, así que me cortaba el pelo yo solo cuando no tenía una mujer que me lo hiciera. No me gustaba afeitarme y tampoco me gustaban las barbas largas, así que me cortaba la mía con tijeras cada dos o tres semanas. Tenía mal la vista pero no me gustaban las gafas, así que sólo me las ponía para leer. Tenía mis propios dientes pero no los tenía todos. Mi cara y mi nariz eran rojas de beber y la luz me hería los ojos, así que miraba a través de pequeñas rendijas entre mis párpados. Podría haber encajado en cualquier barrio de chabolas.
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 183.
Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres, me daban miedo porque a veces querían tu alma, y lo poco que quedaba de la mía, quería conservarlo para mí.
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 193.
Si tuviese que elegir entre beber y joder, creo que dejaría de joder.
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 194.
Ahora estaba explicándonos que los animales también tenían alma. Nadie se lo discutió. Era posible, lo sabíamos. De lo que no estábamos seguros era de si la teníamos nosotros
Bukowski, Charles, Mujeres. (Women, trad. J. Berlanga). Ed. Anagrama, 11ª ed. Barcelona 2002. ISBN: 8433920995. 318 p. P. 193.
Rebobines Pere Domingo va morir el 1979 als 82 anys. Va morir sent el que sempre va ser: un profund liberal en el sentit històric de la paraula abans que el liberalisme fos manipulat per la dreta. Si hagués viscut l’hivern del 2020 ens hauria pogut explicar què va ser la pandèmia del coronavirus. En sabia molt d’epidèmies. Tenia vint anys quan va guanyar per oposició la plaça de cap d’epidemiologia de l’Ajuntament de Barcelona i poc després va haver d’enfrontar-se a un brot de pesta bubònica portada per unes rates mortes entre uns draps bruts, procedents d’Àfrica, descarregats de manera fraudulenta al port. El va cridar al seu despatx del govern civil el general Martínez Anido, persona caracteritzada per la seva brutalitat. –Vostè què vol? –li va preguntar el general. –Soc el responsable d’epidemiologia. –Estem apanyats, ens hi hem lluït! –va exclamar el general al veure’l tan jove. Després li va preguntar–: I és vostè el que ha de solucionar això? –Miraré de fer alguna cosa. –Miri, jove: un cas similar se’m va presentar a mi durant la meva estada a l’Àfrica i el vaig solucionar en una nit: vaig incendiar el poblat amb la gent a dins. –Home, pensi que Barcelona és diferent –es va atrevir a dir el doctor Pere Domingo. –Per què és diferent? –va bramar Martínez Anido. –Les rates fugen del foc i si cala foc al barri portuari el que farà serà estendre la pesta per Barcelona perquè la rata que és ara aquí d’aquí una estona serà molt més lluny, fugint de les flames. –¡Joder! –va ser l’única cosa que li va dir Martínez Anido abans d’acomiadar-lo de males maneres.
POR AL FINAL DEL CAMÍ / FRAGMENTS D’UN DIARI / DEL CONFINAMENT
José Martí Gómez
La Maleta de Portbou / Ara Diumenge, 08/11/2020
Ucronia
… un anuncio que dijera: «¿Era inevitable la Guerra de las dos Rosas?», seguro que hubieran sospechado una broma. El historiador habla de la Conquista de los Normandos o de la Guerra de la Independencia norteamericana como si lo que pasó no hubiera tenido más remedio que pasar, y como si su obligación fuera tan sólo la de explicar lo que ocurrió, y por qué ocurrió; y nadie le acusa de ser un determinista o de no discutir la posibilidad alternativa de que Guillermo el Conquistador o los insurgentes norteamericanos hubiesen sido derrotados. Sin embargo, cuando escribo acerca de la revolución rusa de 1917 exactamente de este modo —el único posible para el historiador—, me veo sometido al fuego de mis críticos por haber descrito implícitamente lo que ocurrió como algo que no tenía más remedio que ocurrir, y por no haber examinado todas las demás cosas que podían haber sucedido. Supóngase, dicen, que Stolypin hubiera tenido tiempo de completar su reforma agraria, o que Rusia no hubiese ido a la guerra, y puede que la Revolución no hubiera tenido lugar; y supóngase si no que el gobierno Kerensky hubiese resultado bueno, y que el liderato de la revolución lo hubieran asumido los mencheviques o los socialrevolucionarios en vez de los bolcheviques. Son éstas suposiciones teóricamente concebibles; y siempre se puede uno entretener como con un juego de salón con los «pudo ser pero no fue« de la historia. Pero nada tiene que ver con el determinismo porque el determinista se limitará a contestar que, de haber acaecido estas cosas, también las causas hubieran tenido que ser otras. Ni tampoco tienen nada que ver con la historia.
Edward H. Carr. ¿Qué es la historia? (What is history? trad. J. Romero Maura). Ed. Ariel, 3ª ed. Barcelona, 1987, 264 pàgs. (época 1961). Pàg. 176.
Robespierre, escribir
Su conexión con aquel organismo provincial llenó un pequeño período de los años que precedieron a su pública fama. Sin embargo, es en este marco donde uno puede juzgar mejor el rasgo de un carácter, que en él se acusa paciente y laborioso justifica el esmero, la diligencia y los éxitos que el cultivo de las letras, modestamente, le aparejó. Como miembro de la academia de Arras ejerció, más bien que adquirió, el hábito persistente de escribir, que ya no abandonó a lo largo de todas sus actuaciones, que le hizo imposible en adelante llegar a la decisión rápida, a la apelación súbita, y que quizá contribuyó no poco a su caída. Para alimentar este hábito le era indispensable, si no algo tan pesado como la fama, al menos una mención pública continua; y ya no se sentía satisfecho más que cuando una expresión suya se moldeaba en un modelo literario. Aquí se acusa una contradicción de su carácter, que desconcierta a los biógrafos, ya que la prodigiosa influencia que ejerció sobre una generación de hombres descansaba en una ilusión o en una apreciación que estaba muy lejos de las consideraciones del estilo. Tanto como orador incluso, tanto como director y juez de las asambleas, pero fundamentalmente como principio encarnado, tuvo suficiente poder para mantener a distancia la adhesión y el apego de los hombres, , sin embargo, sin una vacilación, fue constante su deseo de que se le recordase siempre como un escritor pulido y fácil.
Está bien que no exagere la mediocridad de sus composiciones en ese período ni sus propias ambiciones literarias. Los trabajos, en su peculiar estilo, muestran la política especial que en adelante él fue incapaz de cambiar – o por hallarse bajo los efectos de una lastimosa tensión o porque lo solicitaban oportunidades más exigentes. Esa labor literaria le proporcionó ciertas lisonjeras satisfacciones. Ganó una equitativa mención compartió el primer premio con Lucretelle, cuando la academia de Metz decidió premiar el mejor ensayo que condenase aquel abuso de la ley penal por el cual las familias de los condenados eran, a su vez, condenadas a infamia legal.
(Pàg. 53)
Robespierre, la ley
Los primeros meses de oscuridad habían pasado, y con ellos día (el último quizá de sus humillaciones en la ciudad cortesana) en que su absurda fórmula para firmar la ley: “Esta sea sagrada e inviolable para todos”, excitó el ingenio de un gascón que, al gritar “¡Himnos, no!”, hizo que estallasen ajadas en todos los bancos de la Asamblea de Versalles.
(Pàg. 85)
Robespierre, sufragio universal
En estos debates, sin embargo, dejó pocas huellas su intervención. Su defensa de los judíos se ha olvidado; sus alegatos sobre los protestantes se sumieron y perdieron entre otros que expusieron hombres más hábiles que él; lo que queda es el persistente ataque que él dirigía contra toda forma de elección que no fuese el sufragio universal. En esto parecía un dirigente, un conductor, siempre presto al frente del ataque, y hasta mostraba una especie de apasionado empeño en su decisión de asumir el papel oposicionista. Era la entrega total de sí mismo, el principio germinativo de todo lo que vendría después. Si un criterio de riqueza o de elevada oposición limitaba el derecho cívico – siempre tan desmedrado , el hombre no era ya la base del Estado, y lo que allí quedaba no era otra cosa que la propiedad, o la tierra, o los documentos, o algún accidente del hombre. Desde la primera propuesta, a principios de octubre, Hasta el decreto final en los últimos días de enero, Robespierre juró y se debatió contra esta barrera: la teoría exótica, sustentada por la Asamblea, de que el privilegio de representación estuviese limitado a la capacidad de pagar impuestos. Es evidente que él fue destacándose cada vez más a lo largo de aqueas sesiones, y así lo demuestra la escena que tuvo lugar en la roche del voto final, la tormenta del 23 de enero.
(Pàg. 85)
Robespierre / Condorcet
De cincuenta muestras de labor periodística escojo otra expresa con admirable exactitud la queja contra Robespierre. No es una acusación justa; desdeña la sinceridad que dominaba y aun absorbía las tentaciones de vanidad o ambición de Robespierre; procede de la pluma de un hombre formado en la tradición de Lucrecio, que había inspirado a Diderot; un hombre a quien irritaba la religión, indignado de que el nombre Dios persistiese tan tenazmente en invocaciones. Pero aqué hombre era grande y había hundido su escoplo hasta el fondo. Era Condorcet.
“...Y hay algunos que preguntan por qué tantas mujeres rodean siempre a Robespierre y están pendientes de : en casa, en las galerías del club jacobino y de la Convención. Ello se debe a que esta Revolución nuestra es una religión y Robespierre dirige una secta dentro de ella. Él es el sacerdote a la cabeza de sus fieles... Robespierre predica; Robespierre censura; es furioso, grave, melancólico, exaltado, toda frialdad; sus pensamientos fluyen correctamente, sus hábitos son correctos; hace descargar sus truenos sobre los y los grandes; vive casi de nada; no tiene necesidades. Su misión no es más que una: hablar; y habla incesantemente; crea discípulos… Poesee las condiciones no del creador de una religión, sino las del creador de una opinión; tiene fama de aseceta... Habla de Dios y de la Providencia; él se dice amigo de los humildes y de los débiles; va seguido por mujeres y pobres de espíritu, cuya adoración recibe gravemente... Es un sacerdote, jamás será otra cosa que un sacerdote.
Robespierre i el yo
1) El carácter de la escritura puede corresponder a cualquier período. Es claro, sin inclinación, pero pequeño e irregular. Robespierre jamás hacía letrás mayúsculas, ni aun después de un punto, salvo cuando escribía en primera persona: una travesura que algún cínico podría interpretar erróneamente. (nota a peu de página)
Belloc, Hilaire. Robespierre. (Robespierre, trad. Ed. Juventud). Ed. Planeta-De Agostini, Barcelona, 1996, ISBN: 84-395-4943-1. 320 pàgs. (Pàg. 54)
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Y ahora hablo yo, el marxista de suma y sigue, con sombras anarquistas i una única lengua universal, el catalán. Con un héroe de juventud: Salvador Allende presidente de Chile asesinado por la circuntancia yankee. Con décadas de profesor de secundaria, i un único amor, la Historia. Han passado trabajos banales (agencias de viaje, compañías de seguros) y trabajos esenciales (escuelas de grado medio) en el mundo del negocio privado, pero sobretodo en la función pública en Cataluña. No vale la pensa remontarse demasiado lejos, los últimos veinte años los dividí entre dos ciudades de la periferia de Barcelona: Rubí y Santa Coloma de Gramanet. Siempre lo más cercano es lo que produce un mayor placer, lo anterior es nostalgia, y el futuro es algo concreto y óseo, desfigurado como las atrocidades que relata Valle Inclán. Aquí el pueblo habla en español y la inteligencia como tiene raices infinitas, no entiende de idiomas, eentiende xxde clases sociales. Como siempre el hambre en forma de violencia produce y los que tienen más hambre seran cada vez más violentos, porque saben que ellos no son lo antropofagos. El moderno canibalismo como siempre va de arriba a bajo, del rico al pobre en la pirámide social. No nos enganyemos quien más consume més hambre general, y su ambiente le conduce a un autismo que todo lo justifica. Lo que hace falta no es un humanismo romántico como el de los liberales, incluso los ililiberales. Si no un recuerdo simple de las grandes figuras de nuestro mundo: el puritano O. Cromwell, el burgés Robespierre i el imposible Lenin. Los tres gigantes adivinaron la insensatez de mantener un Estado desigual, y en su furor de iluminados crearon: Cromwell el concepto de pureza (¡ah! los irreductibles puritanos); Robespierre des de su aldea jesuítica (hipòcrita aunque maquiavèlica), exaltó el pequeño burgués) i Lenin, muerto en 1924, demasiado joven afirmó que hay un estado superior sin Estado. Los imbéciles críticos, traidores de los magnífcos Stuart Mill, Ricardo, Smith, Keynes), ensorbecidos con la rábia. Nos llevan al desatre. ¿Donde está la suerte (buena, mala o mediocre), por supuesto està en la R.P. de la China.
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